Nos reímos como locas durante un rato y luego Tiby comenzó a hablar sobre algunos chismes de la zona donde ella reside. Escuché su conversación sin decir nada. Mi madre y mi madrina reían a carcajadas por algunas cosas que habían sucedido en el local de Tiby y yo comenzaba a sentir sueño. Esas dos mujeres no tenían intensión de dormir, así que las obligué a entrar a la casa para que continuaran con su desmadre en un lugar seguro. Cerré todas las puestas y ventanas y me paré en la puerta de la cocina para verlas devorar un paquete completo de pan relleno con jamón y queso. —Oigan —Llamé su atención— Si van a coger, agradezco que sea en tu habitación, ma. No las quiero ver “tijereando” por la casa —Me reí y mi madre me lanzó un pan. —¡Falta de respeto! —Gritó con la boca llena. Entr

