Habían transcurrido quince días. Mi hijo se adaptaba muy bien a su nuevo entorno y estaba contento por el avance que tenía en la escuela. Mi madre me ayudaba con sus tareas cuando a mí se me dificultaba hacerlo por los compromisos laborales. Mi niño no se quejaba, me decía que hacer sus deberes académicos con su abuela le resultaba divertido porque su “abuela es muy creativa”, según sus propias palabras. En esos días estuve pensando en rehacer mi vida junto a mi hijo de manera independiente, es decir, mudarme. Aún no decidía si hacerlo a mii casa o buscar un lugar nuevo, pero mi madre me dijo que pidiera la opinión de mi hijo. Así que me levanté temprano, llamé un taxi y me encaminé, junto a mi hijo, a la casa que había “heredado”. Justo antes de bajar del auto, mi hijo preguntó de

