Apenas salí del edificio, mi estómago rugió. Recordé que casi no había comido y también recordé que Richard me había dejado sola cuando dijo que se quedaría hasta que me sintiese emocionalmente estable. Reconsideré lo que había pensado y golpeé mi frente «¿Desde cuándo eres una inútil?» Me regañé. Se suponía que, en primer lugar, me había mudado para alejarme de todo y de todos. Bien, ahora estaba sola ¿Por qué me molestaba? «A veces creo que eres bipolar» Se burló mi otro yo. Esta vez, le di la razón, porque la tenía. Desde que Javier me había encerrado había deseado estar lejos de él, ahora que lo estaba, lo quería a mi lado. Caminé hasta una cafetería cercana, no había nadie en su interior, sólo dos chicas trabajaban en el lugar y una de ellas me dijo que era mi vecina. No sabía qué

