CAPÍTULO CUATRO A Mackenzie le resultó un tanto desasosegante revisitar las mansiones. Mientras se aproximaban a la casa de los vecinos, rodeados de ese clima delicioso, el hecho de saber que en la mansión de al lado había una cama cubierta de sangre le parecía surrealista. Mackenzie reprimió un escalofrío y desvió la mirada de la mansión de los Kurtz. Cuando Harrison y ella iban subiendo las escaleras a la puerta principal de los vecinos, sonó el teléfono de Mackenzie, informándola de que había recibido un mensaje de texto. Sacó su teléfono y vio que era un mensaje de Ellington. Entornó la mirada al leerlo. ¿Cómo te está resultando el novato? ¿Ya me echas de menos? Casi le responde, pero no quería animarle. Y tampoco quería parecer reservada o distraída delante de Harrison. Sabía que

