CAPÍTULO 8. LA VUELTA Me había quedado una extraña sensación de todo lo vivido, por una parte, asombrado y maravillado de la cultura viva, de tantos edificios antiguos y frescos, estatuas y pinturas que por doquier se podían visitar. Personas viviendo entre verdaderos museos, casi sin ser conscientes del privilegio que aquello suponía. Casas que se caían de viejas por falta de cuidado siendo en sí mismas una maravilla arquitectónica. Lugares a los que pocos llegaban y que escondían verdaderas hermosuras en las que perderse dejando volar la imaginación sobre cómo sería la vida en esos mismos lugares cientos de años atrás. Acostumbrado a tener edificios cuya máxima antigüedad era de unos cientos de años, aquí cada piedra, bancal, ventana… tenía más del doble de esa edad, y los de aquí pa

