CAPÍTULO 2. LA PRIMERA SORPRESA Anduvimos recorriendo aquellas antiguas calles, muchas de ellas adoquinadas, en busca de lo que se suponía sería una corta visita, pero eran interminables e innumerables los lugares de interés turístico, por lo menos así se lo parecía al resto de los miembros del grupo, que se emocionaban cada vez que torcíamos una esquina descubriendo una destacada y antigua edificación. A mí tantas visitas a edificios históricos se me hacían eternas, por lo que iba un poco fatigado y cansado, quizás por haber estado toda la mañana andando de un lugar para otro, puede que se debiese al calor reinante y por el evidente cambio de horario, que hacía que todavía fuese noche cerrada en mi país cuando aquí apenas era medio día o también podía ser por haber trasnochado, en nuest

