No sabía a qué se debía el milagro, pero Tomas había aceptado que Lucia, Lucas y yo viajáramos a un pueblito a matar zombis. Nos habíamos repartido en equipos de a tres o cuatro y nosotros éramos uno. - Son tan asquerosos – exclamó Lucy, habíamos asesinado al último, y lamentablemente estábamos cubiertos de sangre podrida. - Si lo son – afirmé – busquemos donde limpiarnos – como la vez anterior fuimos al hotel de pueblo, lamentablemente no quedaba ningún sobreviviente en el lugar. La plaga de muertos vivientes se esparcía con una rapidez letal. La buena noticia es que los ataques sucedían, por el momento, en pueblos aislados, porque si llegaban a una ciudad seria incontrolable. Conseguí una habitación y desesperada me metí a la ducha. La sangre fresca era un elixir para los vampiros y la

