Estaban en la sala, Tamara tocaba el piano, Tomas, Julio y Andrés revisaban unos papeles, Lucia y Celeste jugaban al ajedrez. Faltaba un hermano, el que aún no conocía. Nadie me prestó atención, así que me decidí a recorrer la casa, que en realidad era inmensa y muy lujosa. Luego de mucho andar llegué a un hermoso jardín interno, con una fuente que le daba un toque místico y tranquilizante, me acerqué y me perdí observando los detalles que la componían. - ¿Te gusta? – preguntó alguien detrás mío, no me asusté porque mis sentidos no se alarmaron, volteé y me encontré con quien me supuse, era el hermano que me faltaba conocer, Cristian un hombre de mi edad, cabello y ojos negros, con una mirada tan intensa que parecía que todo el universo se escondía allí. - Las fuentes me dan calma – di

