Capítulo 3

1595 Words
Patrick  Llegamos a la región de Lombardía donde viviremos en una Villa en la Provincia Di Lecco, está a hora y media de Milán; por lo que podré llevar todos los negocios desde aquí en mi despacho, viajando cuando sea necesario.  Aunque mi idea ahora es no estar mucho en casa, tampoco puedo descuidarme; ya que si mis enemigos saben que tengo mujer… Puedo estar en problemas. Y si algo le pasa a la menor de los Dmitriev, mi cabeza rodará. Entramos y todos están dispuestos en fila para la presentación oficial. —Andrea, te presento a mi esposa —mi mano derecha me mira asintiendo, sabe el por qué de esta boda.  —Bienvenida, señora —dice y me mira serio. No está de acuerdo que la haga sufrir, dice que ella no tiene culpa de nada. —Gracias, Andrea —contesta tímidamente Anya bajando la cabeza. Me dirijo a todo el personal. —De ahora en adelante en esta casa cuando yo no esté ella decide, es la señora y espero respeto. ¿Está claro? —hablo con voz de mando. Solo yo puedo irrespetarla. —Sí, señor. Bienvenida señora, lo que necesite no dude en pedirlo —habla María la ama de llaves y mi nana. Todos le sonríen y asienten. —Muchas gracias por vuestra amabilidad, pero me gustaría que fuésemos un equipo y  ayudaros con los quehaceres si no es molestia. No estoy acostumbrada a que me sirvan en todo. Que sea la señora no significa que estaré de florcita, trabajaré a la par de vosotros —me paralizo al escucharla, habría jurado que era una chiquilla rica mimada que solo iba de tiendas y peluquería. —Pero señora… —dice María y la corto. —Si ella quiere sentirse útil que haga lo que desee en la casa, pero tiene prohibido salir sin mi permiso de la propiedad —todos abren los ojos como si no entendieran mis órdenes. —¡¿Seré una rehén en esta casa?! —dice mirándome mientras me alza la voz. Le dejaré claro más tarde que a mi nadie me chilla ni contradice. —No me gusta repetir las órdenes, si alguien las incumple sabe lo que le pasará y eso te incluye también a ti, esposa. ¡¿Me habéis oído todos?! —sus ojos destilan rabia pero no alega nada más, mientras el personal baja la cabeza haciéndome saber que me han entendido. —María, lleva a la señora a su habitación por favor —me mira negando. Sé que no está de acuerdo con mi dictamen y el que durmamos separados. Me conoce muy bien y sabe que algo me traigo entre manos. —Venga por aquí señora —le dice María dulcemente. —Por favor, no me diga señora, solo Anya —levanto una ceja al escucharla. No permitiré que la llamen con tanta confianza. —Anya, en una hora te quiero en el despacho —me mira asombrada mientras paso por su lado con la mirada vacía de emociones. Anya La casa es maravillosa, una belleza por donde se mire. Estoy segura que podré hacerla mi hogar y eso me levanta el ánimo. Luego de presentarme con el personal, tanto de seguridad como de servicio, Patrick se puso a dar órdenes y una de ellas es que no puedo salir de la villa sin su permiso. Estoy muy molesta porque la verdad no tiene ningún derecho a tratarme como una rehén.  Que no me quiera a su lado ni como su mujer, no le capacita para disponer de mi vida como se le plazca. Por ahora llevaré la fiesta en paz, pero que ni crea que haré su santa voluntad. —Téngale paciencia señora Anya —dice María sacándome de mi ensimismamiento—, el patrón es un hombre bueno. Simplemente hay que recordarle todo lo que tiene para dar. Desde la muerte de Laura, se ha convertido en un ser frío y horrible, pero antes no era así sino un amor de hombre. Tierno, dulce, romántico… —Disculpe que lo dude María —no la dejo seguir hablando—. Todo lo que me ha demostrado hasta el momento Patrick, es que no siente nada por nadie, ni por nada. ¿Sabe lo que me dijo luego de besarme el día de nuestra boda? —ella niega con la cabeza—. »Espero que lo hayas disfrutado, porque será el primero y el último. Por este pacto perdí lo más preciado… Mi libertad. Así que prepárate para vivir en el infierno. Podrás ser mi esposa, pero nunca serás mi mujer —abre su boca llevándose las manos hasta ella para acallar un chillido mientras sus ojos se llenan de lágrimas. —Noo…, mi niño no te puede hacer eso… —la miro con ternura, se ve una mujer excepcional, que adora a mi esposo y le es fiel hasta la muerte. —Sé que usted lo ama, pero él me ve como la causante de su pérdida de libertad y estoy segura que me lo hará pagar de forma cruel aunque no me lo merezca —se acerca y me acaricia el rostro. —Solo tú puedes salvarlo y devolverle su alma. Unos pocos minutos me han bastado para ver la pureza de tu interior, así como el fuego que bulle ansioso por salir y eso es justamente lo que él necesita. Debes luchar contra esa timidez que puede destruirte, deja que haga erupción el volcán que habita ahí dentro. Ese es el único capaz de derretir el hielo que recubre el corazón de mi niño —mi corazón late frenético por sus palabras. —No sé si seré capaz, no es lo mío la comunicación. Soy solitaria, una persona sin amistades y, aislada del mundo exterior. Ni siquiera he tenido amigos a excepción de mi familia —mi voz se rompe. —La fuerza que necesitas la conseguirás cuando desveles sus secretos, a veces un corazón herido es capaz de todo y estoy segura que ese será tu caso. Hasta ese momento solo sufrirás a su lado y no sabes cuánto lo siento mi niña —me dice abrazándome y besando mi mejilla. —Gracias María, por todo, no sabe lo importante que han sido para mí sus palabras y que me trate con cariño, ese que tanta falta me hace en estos momentos al estar lejos de mi familia —me sonríe y sale de la habitación. Giro a mi alrededor y veo que es muy bonita, tiene un diván al lado de la ventana. También un escritorio muy cómodo que me servirá para trabajar debido a que estaré con arresto domiciliario.  Eso sigue molestandome en demasía, lo hablaré con él porque no puede encerrarme como si no valiera nada. Miro a la cama que está en medio de la habitación y es gigante, la mía de Rusia era grande, pero esta debe ser de más de dos metros. Muevo la cabeza riéndome porque al sentarme es muy cómoda y con lo que me gusta dormir la disfrutaré mucho. Al fondo hay una puerta que da a un vestidor doble. ¡Madre del amor hermoso! Es como para cuatro personas, nunca he tenido mucha ropa. La verdad es que no la he necesitado porque casi nunca salía de casa, solamente para ir a la universidad y alguna recepción de la mafia. Todo el tiempo me la pasaba en mi estudio tocando el piano, cantando, haciendo trabajos de vigilancia o editando vídeos. Abro otra puerta y me maravillo con lo que veo…, un lavabo inmenso con ducha doble y bañera con hidromasaje. Esto sí que lo voy a aprovechar a tope.  Hay un armario pequeño con toallas, albornoces y demás implementos para una experiencia holística en toda regla.  Debajo del gran espejo que recubre la pared frente a la ducha se encuentran dos picas individuales separadas por un metro de distancia y debajo de estas hay unas puertas con más espacio de almacenaje.  «Creo que podría vivir presa sin salir de mi habitación», pienso mientras una gran sonrisa surca mis labios.  Cojo mi maleta y decido organizar lo poco que tengo mientras preparo el baño con unas sales aromáticas y velas para relajarme al máximo y soltar la angustia y estrés que cargo. Entro a la bañera y me acuesto con los auriculares inalámbricos puestos mientras escucho al grupo de música épica "Two Step From Hell", todas sus canciones me encantan pero "Victory" es una de mis preferidas.  Sin darme cuenta el tiempo pasa; hace más de una hora que estoy disfrutando cuando recuerdo que Patrick quería verme. Me levanto a toda prisa dejando el baño encharcado, seco mi cuerpo lo más rápido posible, me peino y salgo desnuda hacia la cama donde dejé la ropa interior y el vestido que me pondría. —¡No fui claro al hablar y pedirte que estuvieras en el despacho en una hora! —me grita girándose, viéndome lleno de ira y oscuridad. —Lo siento, me entretuve arreglando mis cosas y luego quise darme un baño para relajarme del viaje. Se me pasó la hora porque esta habitación es maravillosa con muchas cosas que ver en detenimiento y el lavabo parece un spa, por eso perdí la noción del tiempo, estaba en el quinto cielo disfrutando desconectada de todo —me excuso paralizada por el miedo. Pero quiero que la tierra me trague al bajar mi cabeza y darme cuenta que estoy como Dios me trajo al mundo delante de un hombre. Solo puedo pensar: «mierda, mierda, mierda».
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