No tienes por qué estar nerviosa, ya lo has visto antes, múltiples veces. Hasta lo has besado. Había logrado escapar de la habitación sin despertar a Alan. Me había colocado una falda larga negra con dibujos tribales en blanco y naranja, una camiseta blanca sin mangas y escote redondo, una chaqueta de mezclilla y unas sandalias planas (ya que suponía que caminaría bastante). El sol pegaba en lo alto, y sabía que haría bastante calor. De no ser porque en el vaticano no aceptaban ir con shorts o minifaldas, definitivamente me habría puesto algo así. Había bajado hasta el bar de la hostal para desayunar. Pedí un rico mocaccino y un delicioso croissant con crema. Cuando acabe, me dirigí al baño del bar a hacer pis y cepillarme los dientes. En mi mochila había echado, además de mi cámara foto

