Capitulo 11

945 Words
Virgen santísima, dime que no estoy soñando pienso mientras lo miro. Realmente está allí, frente a mí, con aquella sonrisa de película que hace que mi corazón lata desbocado. Lleva unas gafas y una gorra color burdeo, como si aquello lo hiciera pasar desapercibido. Con tan solo ver su trasero sé quién es (no por nada es el trasero de américa). Concéntrate, Lina me digo a mi misma. Sacudo disimuladamente la cabeza y sonrío, algo nerviosa. —Hola—le saludo.—¿Qué haces aquí? —Decidí hacer lo que dijiste, ir a donde yo quiera. No pensaba encontrarte tan pronto, aunque si tenía la esperanza—responde. Santa virgen de la sensualidad, ¿Qué no esperaba encontrarme tan pronto? aun no me decido si es que ha venido a seducirme o a matarme, porque con cada palabra suya, siento que me acerco más a que me dé un patatús. —¿Tenias la esperanza?—pregunto tartamudeando. Colin suelta una pequeña carcajada y da un paso hacia mí. Bésalo susurra una voz en mi cabeza. Sh, compórtate dice otra. Colin me ha vuelto loca, eso seguro. —Pretendía ir al bar de tu hostal en la noche—admite. ¿Por qué no mejor vienes a mi habitación? pienso. ¡Lina! Dice la voz de mi cordura. —Ah—atino a decir, desvío la mirada, ya que si lo miro a los ojos, la tentación es demasiado grande.—¿Y qué haces por aquí? —Lo mismo que tú, supongo. Pasear. Trastévere tiene los mejores lugares para comer. Sí que los tiene pienso, mientras lo miro de pies a cabeza. —¿Ya has almorzado?—pregunta. Espabilo y vuelvo a mirarlo a la cara. —No, encontré esta basílica que no pude evitar entrar. —¿Qué tal si vamos a almorzar juntos? Conozco un restaurante por aquí cerca que es muy bueno—sugiere él. Abro los ojos como platos. —¿Me estas invitando a comer?—pregunto. Colin ríe por lo bajo. —Si—afirma, y acto seguido, me tiende su mano.—¿Vamos? —Claro—acepto, aun sorprendida por su propuesta. Controlando como puedo los temblores que me causa estar cerca de él, poso mi mano sobre la suya. Me da una sonrisa ladeada, que hace que mi corazón explote. Caminamos rodeando la basílica hasta llegar a un restaurante llamado “Grazie&Graziella”. Tiene sillas afuera, rodeadas por pequeños arbustos que las separan del resto de la concurrida calle. Un mesero nos saluda y nos entrega una copa de vino blanco a cada uno. —Bienvenidos a Grazie&Graziella—dice el hombre, con un marcado acento italiano. Es de tez morena, ojos cafés y cabello a ras.—¿Dónde les gustaría sentarse a la bella pareja? —No, nosotros…. —En algún lugar con privacidad, por favor—me interrumpe Colin. Voltea a mirarme y me guiña un ojo. Ahí se va otro trozo de mi corazón. —Por aquí, per favore—nos indica el mesero. Entramos al restaurante, cuya edificación es de ladrillos y se denota antigua, pero aun así, muy hermosa. Dentro del lugar, las paredes son de color crema, con algunos maderos que indican la estructura del edificio, y muchas fotografías colgadas en estas. El piso de madera cruje con nuestro andar. El aroma a especias y tomate es aún más intenso que afuera. Pasamos junto a unas mesas, y no puedo evitar mirar los deliciosos platos de pasta, pizza, y postres. Nos acercamos a los cubículos junto a la pared, que están algo más aislados. Las mesas y los cubículos son de madera oscura, a juego con los pilares y el piso. El mesero nos indica nuestro lugar, Colin me ayuda a sentarme, y luego, se sienta frente a mí. El mesero nos deja la carta y se despide. Bebo un sorbo de mi copa y observo aquel hermoso lugar. —¿Te gusto la hostal?—pregunta Colin. Lo miro y sonrío. —La verdad sí. Tiene muchas actividades, las piezas son bonitas y limpias… Dan pasta gratis en la tarde—comento. Colin apoya sus codos en la mesa y se inclina ligeramente. —Suena entretenido—afirma. Asiento y me inclino ligeramente en su dirección. —Hoy en la noche hay competencia de beerpong—añado. —¿Eres buena? —No, soy malísima. Pero es entretenido—replico.—¿Y tú? —¿Yo que?—pregunta, levantando las cejas, e inclinándose un poco más. —Me imagino que siendo El Vengador has logrado desarrollar ciertas habilidades ¿o no?—pregunto, imitándolo e inclinándome. —Tal vez… —Tal vez—repito. Esboza una sonrisa sexy que hace que un estremecimiento me recorra la columna. La escultura griega más sexy que he visto en mi vida. —Tal vez me pase por el bar esta tarde, como lo tenía planeado—susurra. —Tal vez yo esté allí—afirmo, esbozando una sonrisa traviesa. El carraspeo del mesero junto a nosotros me devuelve a la realidad. No me había dado cuenta de lo cerca que estábamos. Por poco y te lanzas sobre la mesa a besarlo me recrimina mi cordura. Me acomodo en mi asiento y miro la carta, sintiendo como mis mejillas se sonrojan. —¿Ya se han decido por algo para comer?—pregunta el mesero. —Aun no—responde Colin, sin dejar de mirarme. —¿Les gustaría pedir algo para beber por mientras?—pregunta. —Un Chardonnay—replica Colin. —Por supuesto—dice el mesero, y se marcha. —Sospecho que te gusta que beba alcohol—comento, sin despegar mis ojos de la carta. Se ríe por lo bajo. —Digamos que la experiencia en el avión fue bastante placentera—afirma. Levanto la mirada lentamente. Él sonríe, y sin dejar de mirarme, bebe un sorbo de su copa, dejándola vacía. Ay Dios, mis ovarios van a explotar pienso. —Además—continúa—actúas menos cohibida cuando bebes un par de copas. —¿Quién ha dicho que me cohíbes?—pregunto, cruzándome de brazos y arqueando una ceja. —Tus mejillas—responde. Automáticamente mis mejillas se sonrojan aún más. Aparto la mirada y suspiro. —¿Qué diría la gente si supieran que El Vengador hace que una chica inocente beba alcohol solo para su entretenimiento?—pregunto, aludiendo al personaje de su última película, haciendo como que estoy concentrada leyendo la carta. —Para eso tendrías que ser una chica inocente, Lina, y si algo me ha quedado claro en el avión, es que no lo eres—replica él. Santa virgen de la sensualidad, este hombre fue enviado para probar los límites de mi cordura y tentación.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD