Que no cunda el pánico. Es un beso. Y él no es tu novio. Es tu… ¿escultura griega personal? Cruzo la calle mientras mis nervios se desatan. La cordura está en trance. Creo que la sesión de sexo con Colin la ha descolocado y ahora ya está como ebria, solo que no de mai tais, sino de orgasmos. Me detengo frente a él y sonrío incomoda. —Él es… —¿un amigo? ¿Un chico con el que me bese? ¿Un alien?—. Un conocido. Vergas, Lina. De todas las opciones ¿elegiste esa? Me regaña mi cordura. —Parece que te conoce bastante —comenta. Solo las bocas y lenguas replican mi cordura, con sarcasmo. Ay dios. Virgen santa. Ya se fue todo a la mierda y más allá. Tenía que pasarme esto. ¿Por qué siempre consigo meterme en esta clase de problemas? Digo, no siempre tengo a un bombonazo de revista a mi lado, p

