—Mierda, mierda, mierda… ¿Dónde me he metido? —murmuró histérica la cobriza—, ¿Dónde estás Alek? ¿Vas a dejarme sola? Sus ojos se llenaron de lágrimas que no dejó salir. Allí estaba, frente a ese oscuro lugar donde se suponía que estaría o eso creía. Pero allí no había nadie y por si fuera poco la oscuridad en la calle era aterradora, el frío calaba sus huesos y el miedo cada vez era más intenso. Se maldijo otra vez por haber olvidado el teléfono pero el tema más importante era huir. Necesitaba ver a Alekséi una vez más y contarle todo lo que estaba pasando, que le echaba de menos. —Tanto que ahora estoy aquí, jodidamente varada en la oscuridad y sin que Cerek cuide de mí ¡Dios, soy estúpida! —lloriqueó desesperada. Pronto no pudo evitar que sus lágrimas descendieran por sus pálidas

