CAPITULO 1 💙EL BAILE DE LA LUNA AZUL💙.

2332 Words
LUCIEN VON MUNTEAN CASTILLO BUCOVINA. ─── ∙ ~Δïз~ ∙ ─── Estoy absorto en un libro de cubierta cafĂ©, sentado en la fuente de piedra del jardĂ­n trasero. El agua cae suave tras de mĂ­, un murmullo constante que me ayuda a ignorar el mundo. Las hojas de los castaños tiemblan con la brisa, y el aire huele a tierra hĂșmeda y rosas tardĂ­as. No doy importancia a la presencia de mi molesto hermano y sigo la lectura como si nada. Asumo que el reciĂ©n llegado se irĂĄ asĂ­ como llegĂł. —¿QuĂ© lees? —Nada que sea de tu interĂ©s, Loan —respondo sin despegar la vista de las pĂĄginas. Las esperanzas de que se marche se evaporan en cuanto siento a mi mellizo sentarse a mi lado. —QuĂ© arisco, hermanito. Solo quiero hablar contigo. Cierro el libro con un golpe seco y poso mi mirada en el rubio molesto junto a mĂ­. Bien peinado, ropa impecable, esa sonrisa de superioridad que me dan ganas de borrarle de un puñetazo. Pero no lo hago. Porque sĂ© que es exactamente lo que espera. Y no le doy el gusto. —Solo vienes aquĂ­ seguramente por peticiĂłn de Dorian —me pongo de pie de la fuente en la cual me gusta leer escuchando el sonido del agua correr—, te ahorrarĂ© las incĂłmodas preguntas. Es un dĂ­a mĂĄs que no consumo sangre humana. Si vienes a eso, Anka te lo puede confirmar. Loan tambiĂ©n se levanta de su asiento, yendo tras de mĂ­. —Ya no eres un chiquillo — espeta con voz seca pero solo le ignoro. La falta del lĂ­quido carmesĂ­ humano hace de mĂ­ un peligro en potencia. Pero soy el terco vampiro que se niega a la realidad de mi naturaleza, o eso es lo que mis hermanos dicen de mĂ­. Y me importa una mierda lo que piensen. —Tu abstinencia nos podrĂ­a hundir a todos, lo sabes —reprocha Loan perdiendo un poco la paciencia. Iba a replicar pero en frente de ambos se interpone Sophie, una hermosa rubia de baja estatura y brillantes ojos azules. Siempre aparece cuando las cosas se ponen tensas. Como si tuviera un radar para el drama. —Ya basta —habla la rubia mirando retadora a Loan—. No podemos obligar a Lucien a tomar sangre si no es su deseo. —Eres tan blanda como Dorian —espeta Loan con desdĂ©n en sus palabras—. Pero ÂżquĂ© podĂ­amos esperar de una humana convertida? Aunque lo intentes, nunca serĂĄs una de nosotros, princesa. Solo fuiste transformada, para no morir con el engendro que llevas dentro de ti. Mi hermano posa su mirada gĂ©lida en Sophia en un intento de amenaza. Como si con eso pudiera borrar lo que ella es. Como si no supiera que Dorian la protegerĂ­a con la vida. Se marcha, dejĂĄndome solo con la chica. La muchacha se da la vuelta, esbozando una sonrisa que me hace a mĂ­ tambiĂ©n reĂ­r. No una risa fuerte, ni sincera del todo. Solo un gesto seco, casi involuntario. Pero sale. —Lucien, no permitas nunca que tus ideales sean pisoteados... —¿Por quĂ© haces esto, Sophia? —pregunto confundido. Esta no es la primera vez que la compañera de mi hermano mayor intercede por mĂ­ ante mis hermanos. Sophia camina a los rosales, se arrodilla ante los arbustos de hermosas rosas rojas. Vuelve su vista a mĂ­. Me acerco a la muchacha tambiĂ©n arrodillĂĄndome a su lado. —A parte de mi amado Dorian —me mira con ternura y esto me desconcierta un poco—, eres tĂș quien me ha tratado con respeto y me has aceptado como soy —responde Sophia con voz calma. Cabizbajo, sigo con mis manos sobre mis rodillas. No sĂ© quĂ© responder a Sophia. No es normal, no soy afectuoso con nadie. AĂșn asĂ­ entiendo que este es un comportamiento comĂșn en los humanos yo, aunque nacido vampiro, aĂșn no domino ese tipo de intercambio. —Lucien —llama Sophia sacĂĄndome de mis pensamientos. —¿Ah? —respondo sin ĂĄnimos. —Quita esa cara si —me ordena la alegre rubia poniĂ©ndose de pie, ofreciendo su mano para tambiĂ©n incorporarme. —Para Dorian soy una decepciĂłn y no finjas no saber de quĂ© hablo... —Claro que no —interrumpe—, y no digas tonterĂ­as. Para tu hermano eres tan importante como lo es Loan, o Jasper y hasta Aleph. AsĂ­ que no digas esas cosas. Me anima en un intento por subir mi ĂĄnimo. Y aunque no lo admitirĂ­a, ayuda. Un poco. La muchacha de vestido azul oscuro y complicadas flores tejidas en hilos dorados me regala una sonrisa. La cual no entiendo, porque no hay razĂłn para que me sonrĂ­a asĂ­, sin interĂ©s, sin miedo. Solo... por hacerlo. —Gracias —es lo Ășnico que sale de mis labios. —Ya sabes, nada de caras largas —dice—, esta noche tendremos un baile y tĂș debes verte guapo. —¿Guapo? —cuestiono, pero Sophia ya estĂĄ lejos para responder. ──𖄞── AMELIE APAFI. ─── ∙ ~Δïз~ ∙ ─── El castillo Von Muntean abre sus puertas ante la nobleza rumana. El paje abre la puerta del elegante carruaje. El primero en bajar es el vizconde ApafĂ­, mi padre. La segunda en bajar soy yo, su primogĂ©nita, lady Amelie ApafĂ­. Cruzo miradas con mi padre. Su expresiĂłn advierte lo que ocurrirĂĄ si cometo un error esta noche. Subo las escaleras temerosa, quiero salir corriendo pero eso no es una opciĂłn para mĂ­. —El duque de Bucovina tiene cuatro hermanos, Amelie. Me darĂ­a por bien servido si llegas a pertenecer a la ilustre familia Von Muntean. —SĂ­, padre. Sigo a mi padre mientras Ă©l solo me da instrucciones de lo que debo y no debo hacer esta noche. Ni siquiera he entrado al castillo y ya tengo deseos de huir de este lugar. Suspiro cansada, mirando la luna que esta noche tiene una peculiar tonalidad azulada preciosa. Me tiene fascinada. No quiero entrar al salĂłn de baile. AllĂ­ solo hay mĂĄs personas como mi padre y ya estoy cansada de eso. —No deberĂ­as estar aquĂ­ sola. La mĂșsica adentro estĂĄ animada. Al reconocer la voz apresuro mi vuelta, haciendo una reverencia. —Lady Bucovina —digo bajando la mirada, avergonzada por hablar sola. Mi padre, hace unos momentos me habĂ­a mostrado a la duquesa, desde la distancia. —A ti no te gusta el protocolo, a mĂ­ tampoco. Puedes llamarme solamente Sophia. Y tĂș, ÂżcĂłmo te llamas? —inquiere la rubia de delicado vestido rosa, mirĂĄndome con genuina amabilidad, algo poco comĂșn en estos eventos. —Amelie. —Muy bien, Amelie. La noche apenas comienza y hay muchas piezas que bailar. La atrevida duquesa me toma de la mano sin previo aviso. La rubia me lleva a rastras al interior del castillo, hasta el salĂłn donde el baile se lleva a cabo. Mi timidez me hace sentir menuda y pequeña ante tantas personas que me miran como si fuera un bufĂłn de la corte del emperador. El lugar es precioso, completamente iluminado con muchas velas puestas en grandes lĂĄmparas doradas, con centenares de pequeños cristales reflejando la luz de las velas. Las parejas se aglomeran en el centro del salĂłn, moviĂ©ndose al ritmo del vals. Los caballeros hacen girar a sus parejas, haciendo ondear sus largos y coloridos vestidos. Camino con cautela, no quiero llamar la atenciĂłn de nadie. Este tipo de eventos no es mi ambiente. Miro el amplio ventanal. La vista del jardĂ­n iluminado por la luna es simplemente encantadora. Salgo por uno de los balcones. El aire nocturno acaricia mis lacios mechones, haciĂ©ndome cosquillas en las mejillas. —Si tan solo pudiera vivir mi vida a mi manera, sin tener que obedecer y mucho menos casarme con un desconocido solo porque mi padre cree que es lo mejor para mĂ­. —No eres la Ășnica con problemas, niña —dice una voz masculina, haciendo que me sobresalte. Creo haber estado sola. Giro sobre mis pies, buscando la procedencia de aquella voz. Abro la boca al ver al muchacho sentado en el barandal del balcĂłn. PodrĂ­a caer en cualquier momento. Verlo ahĂ­, corriendo aquel peligro, me pone de nervios. —¿QuĂ© haces ahĂ­? ÂżAcaso estĂĄs loco? —inquiero preocupada por aquel muchacho. Un mal movimiento y la caĂ­da serĂ­a mortal. —OjalĂĄ la muerte fuera una alternativa para mĂ­ —responde con tono sombrĂ­o. Lo observo con atenciĂłn. Es un completo desconocido para mĂ­. Una sonrisa de labios cerrados se dibuja en su rostro. A pesar de su comentario lĂșgubre, hay algo en Ă©l que me resulta fascinante. —Te estoy hablando. Baja de ahĂ­, podrĂ­as romperte el cuello —insisto, alarmada por su imprudencia. Veo cĂłmo se rĂ­e y me siento ridĂ­cula por preocuparme. QuĂ© divertido debo parecerle, regañåndolo como si fuera mi hijo. De la risa pasa a la carcajada. De un salto se posiciona frente a mĂ­. Ahogo un grito de sorpresa, llevando ambas manos a la boca, seguida de unos pasos torpes hacia atrĂĄs. Él avanza y yo solo camino hacia atrĂĄs, temerosa. Veo en sus ojos que quiere ver si noto que me acorrala. Él avanza y yo retrocedo, hasta que mi espalda toca la pared. —Es usted un imprudente —digo molesta con la irresponsabilidad de ese hombre. —Y usted una miedosa —responde sin abandonar su actitud burlesca. Veo que se divierte provocĂĄndome, aunque no deberĂ­a eso es grosero. —No es miedo, pero lo que usted ha hecho es una irresponsabilidad —replico molesta. —QuĂ© mujer tan histĂ©rica y exagerada... —dice con una sonrisa que me saca de quicio. —Lucien —llama una voz femenina, haciendo callar el juego—, esas no son maneras de tratar a una dama y menos a una noble —le reprocha Sophia al muchacho como si fuera un niño. —Lady Amelie, le presento a mi cuñado, lord Lucien Von Muntean —presenta Sophia a su poco educado familiar. Definitivamente esta mujer parece mĂĄs su madre, que otra cosa. Miro a la rubia y luego al patĂĄn de ojos verdes frente a mĂ­. No quiero meterme en problemas con mi padre por alzar la voz a ese hombre. Si es uno de los hermanos del duque podrĂ­a meterme en problemas. —Gusto en conocerle, lord Von Muntean —hago una reverencia ante el rubio—, mi nombre es AmĂ©lie ApafĂ­. Lo veo inclinarse a mi altura. Hay algo en su mirada que me hace sentir vulnerable. —Mentirosa. No es un gusto conocerme, estĂĄs que me matas con la mirada —dice con ironĂ­a, guiñåndome un ojo. Al oĂ­r su tĂ­tulo, siento cĂłmo se me baja la altivez de hact un momento, creo queesto va a traerme consecuencias. —Bueno, si se llevan tan bien ustedes dos, en lugar de estar aquĂ­ vayan a bailar. Son los Ășnicos que no he visto moverse al ritmo del vals. Vamos, vamos —anima la hermosa anfitriona del baile, contribuyendo a su jugarreta conmigo. —Tienes razĂłn, querida Sophia —responde siguiendo la corriente mientras se incorpora. Veo cĂłmo me ofrece su mano y noto la travesura en sus ojos—. Lady Amelie, Âżme permite bailar esta pieza con usted? Quiero negarme, pero veo cĂłmo se me adelanta, tomando mi mano y llevĂĄndome casi a rastras al medio del salĂłn. No me da tiempo a reaccionar. —Iba a decirte que no, pero sĂ© que no aceptarĂĄs un no como respuesta —digo, aunque en el fondo me alegra no quedarme sola. —SĂ© que me iba a decir que no, pero dĂ­game, ÂżquerĂ­a quedarse sola ahĂ­ toda la noche? —cuestiona de manera traviesa, tomandome de la cintura y acercĂĄndome mĂĄs a Ă©l. La mĂșsica comienza a sonar. La melodĂ­a fluye con suaves matices. Ambos seguimos el compĂĄs. Aunque de vez en cuando rehĂșyo al esmeralda escrutinio de Lucien. No puedo evitar sentirme expuesta ante la nada discreta mirada del rubio de coleta baja y actitud relajada y burlesca. —En el lago sonreĂ­a, y se veĂ­a preciosa, mi lady —dice acercĂĄndose a mi oĂ­do. Siento un escalofrĂ­o recorrer mi espalda. Abro los ojos al mĂĄximo. Ese dĂ­a creĂ­ estar sola en el lago. —¿Usted estuvo allĂ­? —pregunto en un hilo de voz, alzando el rostro. Lo veo mantener esa expresiĂłn de arrogancia que me irrita tanto. —SĂ­, la vi salpicar el agua cual ganso dĂĄndose un baño —comenta con una sonrisa ladina. Me sonrojo hasta las orejas. —Sus manos estĂĄn muy frĂ­as —digo, percatĂĄndome de la baja temperatura de Lucien. —No intentes cambiar de tema —digo percantadome de esto y con la esperanza de dejar atrĂĄs ese tema. —En serio, sus manos... —Es que soy un vampiro —susurra con voz misteriosa, haciendome girar sobre mis pies. —Eres un tonto —replico molesta—, no sĂ© por quĂ© me preocupo por un tonto que no toma nada en serio. —QuĂ© gesto tan amable, mi lady. Por lo general ni mi familia se preocupa por mĂ­ —responde con ironĂ­a, aunque veo algo mĂĄs profundo en sus ojos—, no se preocupe, Amelie. Estoy bien, es algo normal. Mi temperatura siempre ha sido asĂ­ —dice, tratando de sonar convincente ante mi insistencia. —Entiendo —digo, no muy convencida de sus palabras. Pero si sigo insistiendo, no me va a responder con la verdad, solo darĂĄ una respuesta sin sentido para burlarse de mĂ­ como lo ha hecho en toda la noche. El vals termina y me suelto de su agarre. Me alejo entre el resto de las parejas que tambiĂ©n bailan en el salĂłn. Algo en ese joven me insta a quedarme, pero sĂ© que lo mejor es irme, ya han sido muchos momentos incĂłmodos hoy.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD