Napoleón. Evito a mi madre que me observa de manera desaprobatoria porque sabe perfectamente lo que sucedió en el cuartito de la limpieza – soy un verdadero sinvergüenza, según ella – y eso es inaceptable. Mi hermanito el imbécil sonríe encantado mientras yo sorteo las personas que se encuentran en la sala para irme al baño y tratar de adecentarme. Me duele un poco la cabeza, pero creo que es el alcohol, el momento íntimo y el temor de que mi madre haga una escena – que es lo menos probable –. Lavo mis manos, también la cara y observo el golpe en el pómulo que ya se está haciendo violáceo, mi enfado vuelve, sin embargo no sirve de nada ya que el daño está hecho y no hay mas que hacer, sino continuar adelante tratando de que las cosas mejoren por medio de terapeutas y amor, eso sí, m

