Jackson miller. Tres de la mañana, esa fue la hora exacta en la que aparcamos frente a la casa, o diría, más bien, mansión que contaba con dos plantas. La noche a pesar de estar fría se sentía diferente, estaba llena de estrellas, era un fenómeno muy extraño que muy pocas veces se veía al finalizar el otoño. Bajé del auto, y de inmediato mi cuerpo sintió la humedad y la baja temperatura que arraigaba el viento. Apreté los dientes para sobrellevar el insufrible frío, y sin pensarlo caminé hacia la entrada de la casa. Era un lugar muy grande y, a pesar de la oscuridad, se lograba observar lo hermoso de sus alrededores. Me detuve frente a la puerta y los cercos, combinados con paredes y pilares de piedra, hacían que este destacara en una fina capa de elegancia. Parecía un lugar de esos que

