Jackson terminaba su tercer cigarrillo, esperando a que terminara el fastidioso viaje que se tornaba molesto para él, puesto que presenciaba un terrible dolor de cabeza. Anhelaba, en ese preciso momento, llegar a las instalaciones de su gimnasio para darse una ducha caliente que relajara su cuerpo. Por un instante cerro sus ojos y se permitió relajarse, pues hacía unos minutos el llanto de Emily lo tenía al borde de perder la paciencia. Miro hacia su lado derecho donde Emily permanecía acurrucada, sus piernas recogidas y a su vez flojas gracias a que las lágrimas le pasaron factura. Pensó que aparte de chillar al menos la mocosa como él la llamaba, no se atrevió a revelarse y querer escapar. Jackson odiosamente pensó que para ella era un punto a su favor, porque si hubiese dado lata, de s

