—Conozco un café que acaba de abrir. ¡Vamos allí mañana! Te enviaré la dirección —dijo Amelia con entusiasmo. —Bien, nos vemos mañana —respondió Celeste. Alrededor de las 9 p. m., cuando Celeste salió después de pagar la cuenta, se volvió a encontrar con los Moore. Susan le acomodó el cabello a Vivien detrás de las orejas y comentó, insinuante: —Cariño, no te dejes llevar solo porque ganaste el premio especial. Debes esforzarte aún más y no compararte con gente sin estudios. Vivien, incómoda, miró de reojo a Celeste de manera inconsciente. Celeste simplemente los ignoró y se quedó allí esperando un taxi. Vivien suspiró aliviada y murmuró: —Mamá, basta. Nadia llamó a Celeste con voz deliberadamente alta: —Celeste, ¿a dónde vas? Podemos darte un paseo. Celeste se dio la vuelta y l

