Caleb se sintió profundamente deprimido. Jamás imaginó que terminaría trabajando para la Pandilla del Dragón n***o. Vio cómo los guardaespaldas del señor Hall se acercaban, tronándose los nudillos mientras lo observaban con miradas asesinas. Parecía que le romperían el cuello en cuanto se atreviera a decir que no. Caleb forzó una sonrisa, tragó su miedo y respondió: —Es… un honor trabajar para la Pandilla del Dragón n***o, señor Hall. Hall, satisfecho con su “sumisión”, le dio unas palmadas en la mejilla y le sirvió una copa de vino. —Señor Moore… desde hoy, somos hermanos. Ganaremos dinero juntos, y le aseguro que será bien tratado. Caleb sonrió con rigidez, pero su corazón estaba hecho añicos. --- Al salir del club, abatido, llamó a Nadia. —Podemos quedarnos con la casa y el c

