—Mi pintura sólo se vendió por cuatro mil… —dijo Vivien con la voz apagada. —¿¡Qué!? ¿¡Sólo cuatro mil!? —gritó Susan incrédula. —Vivien, ¿estás mintiendo? —preguntó Nadia con una mezcla de duda y shock. —Caleb, ¿qué quieres decir? ¿Crees que podría mentir sobre esto? Si no me crees, ¡puedes verificarlo tú mismo! —estalló Vivien, incapaz de soportar más presión. Sin añadir una palabra, dio media vuelta y subió las escaleras con el rostro endurecido. Susan, Caleb y Nadia se quedaron completamente atónitos. —Caleb, yo le creo —dijo Nadia suavemente—. Pero aun así… podríamos hacer una llamada. Si Vivien se molesta, nos disculparemos con ella. —Nadia tiene razón. Caleb, llama —ordenó Susan con urgencia. Caleb sacó el teléfono de inmediato. Pasaron unos segundos tensos, y cuando finalm

