Dándose la vuelta, Celeste miró a Caleb con una frialdad cortante. —Señor Blackwell, puede irse primero —dijo sin apartar la vista de su exmarido—. Yo regresaré sola a casa. Henry dudó un momento. Al ver a Caleb Moore acercarse, una preocupación genuina cruzó su rostro. Sabía que los sentimientos podían ser traicioneros… y temía que Celeste se dejara engañar otra vez por el atractivo de aquel hombre. —Señorita Darrow —le advirtió en voz baja—, recuerde: él no la merece. Celeste sonrió con serenidad. —Lo sé. —Sus ojos brillaron con una fuerza tranquila—. Ya no olvidaré quién soy por ningún hombre. Las palabras, firmes y seguras, resonaron justo cuando Caleb llegó a su altura… y las escuchó. Por un instante, él se quedó petrificado, creyendo que esas palabras iban dirigidas directame

