—Relájate, el peor resultado es que volvamos a donde empezamos —los consoló Celeste. Ahora, su mente estaba en paz. Su producto estaba a punto de abrirse paso en dos grandes centros comerciales —Bayern y Hengeim— y además ya sabía quién estaba moviendo los hilos a sus espaldas. La situación era mucho mejor que antes. Celeste llamó a su secretaria: —Informa a todos que pueden irse a casa después de la cena. Lo ocurrido en el Departamento de Promoción había llamado la atención de los demás administradores. Un silencio tenso reinaba en cada rincón de la empresa. —Sí, señorita Darrow. En ese momento entró una llamada del señor Lynn. —Celeste, sobre la visita a la señora Evans mañana… Si no tienes tiempo, puedo explicarle la situación y posponerlo unos días. Parecía que el señor Lynn ya

