—No es para tanto. Todas nos disculpamos, ¿por qué tú no puedes dejar tu estúpida dignidad a un lado? Es tu cuñada. No hay nada vergonzoso en disculparse con ella —insistieron. Vivien era la más débil entre ellas, así que no tuvo más remedio que disculparse contra su voluntad. —Lo siento —murmuró. Celeste asintió, satisfecha. Luego preguntó mientras jugaba con sus dedos: —Bien. ¿Qué clase de desafío quieren ahora? —¡Te retamos a competir con las tres! —dijo Fiona, tratando de sonar segura. —He practicado solo un día. Ustedes llevan años —Celeste sonrió con una falsedad elegante. Fiona se sonrojó. —Si tú puedes aprender algo en un día, entonces, con unos días más… quizá ganes. —Y además —añadió Helen tratando de provocarla— es la mejor manera de demostrar que no hiciste trampa. —

