La habitación en la que se encontraban tenía un enorme balcón, lo que les permitía apreciar la escena, pero al mismo tiempo reducía el efecto de aislamiento acústico. Aun así, la gente suele cerrar sus puertas cuando se divierte dentro de una sala privada. Era inusual que algo como eso ocurriera. En un día normal, a Brant no le habría molestado escuchar música de tango. Pero justo ahora quería calmarse antes de apreciar la pintura, y aquella música era demasiado estimulante. Frunció el ceño y dejó el paquete a un lado. —Simon, escuché que encontraste a un genio durante esta competencia. ¿Estás pensando en tomarla como aprendiz? —preguntó. Simon había decidido asistir a la subasta porque tenía curiosidad por ese supuesto genio: Vivien. —Necesito verla antes de tomar una decisión —res

