—¿Verdad? —dijo Celeste. Sus ojos, frívolos y fríos, brillaron con un desdén absoluto. —Ese idiota es todo tuyo si lo quieres —añadió Celeste con calma—. En cuanto al título de esposa de Caleb, te lo daré… cuando recupere todo lo que me pertenece. Nadia gritó, fuera de sí: —¡Celeste Darrow, Caleb ya no te quiere! ¿Por qué sigues teniendo ese título? —¡Porque me molestaste! —respondió Celeste, apoyando la barbilla en su mano mientras se reclinaba con comodidad—. Me traicionaste, así que tenías que pagar por eso. Luego sonrió con crueldad. —Y, además… ¿de verdad crees que Caleb te ama? Estás equivocada. Él solo se ama a sí mismo. Ese idiota ama a cualquiera que pueda servirle para impulsar su carrera. Los ojos de Nadia temblaron. —Escuchaste lo que dijo anoche, ¿cierto? —añadió Cele

