En la mente de Celeste surgió una idea fugaz. Entonces dijo con frialdad: —Ya te rechacé cuando me pediste que fuera tu amante mientras Nadia seguía siendo tu esposa legal. Caleb negó con desesperación. —¡No! ¡Eso no quise decir! Me refiero a que… no nos divorciemos y empecemos de nuevo. —¿Y qué hay de Nadia? —preguntó Celeste con una ceja arqueada. Caleb dudó unos segundos antes de responder: —Si no puedes aceptarla, hablaré con ella. Le daré algo de dinero para que se vaya a otra ciudad y nos deje en paz. Cariño… ¿qué opinas? Al ver el rostro de Celeste, Caleb distinguió claramente la burla en sus ojos. —Caleb Moore —dijo ella con una sonrisa helada—. Acabas de recordarme lo estúpida que fui por tanto tiempo. Eres, sin duda, el peor idiota que he conocido en mi vida. El rostro

