Las palabras zumbaban en mi cabeza. Ya no podía oír nada, ni gritos, ni llantos, ni remordimiento, ni preocupación. Solo podía sentir… dolor, rabia, impotencia, deseos de matar y ganas de morir. Todo había acabado. —Dominik, ha muerto… —Dominik no se lanzó… —El edificio se derribó y él no pudo escapar. Y la verdad es que era por mi culpa. Si yo no le hubiera dejado ir… —Dios, yo lo dejé ir teniendo este mal presentimiento, fue mi culpa —susurré perdida en mi dolor a mi misma. Cuando sentí las manos de alguien tocarme buscando mi calma y consuelo finalmente estallé. — ¡No me toques! ¡No me toquen! ¡Deben buscarlo, él está bien! —chillé histérica y me solté de los brazos de Jakob que aunque me miraba con pesar, había algo más en él. Pero esta vez no me importó. No m

