CAPÍTULO 33

1334 Words
—¿Estás bien? —preguntó Rebecca a su hija cuando esta al fin abrió los ojos—. El médico no tarda en llegar, ¿necesitas algo mientras? Estrella negó con la cabeza. Se continuaba sintiendo mal, pero eso no era algo que se le fuera a quitar con algo que tuvieran en casa, lo sabía bien porque ella misma lo había intentado todo en su propia casa: agua fría, tés, jugos, frutas, galletas, frituras saladas y picantes, incluso una vez tomó alcohol, pero todo la hacía sentir mal, con el alcohol incluso vomitó, así que seguramente nada que su madre le intentara dar funcionaría para ella. Lo mejor era esperar a que el médico llegara y le dijera qué hacer. » Nena, necesitas poner un poco de tu parte —recomendó la buena madre de Estrella llegando hasta ella y tomando su mano, viendo muy de cerca la mala cara de su hija—, sí, lo sé, no es fácil, te sientes tan mal que sientes que no tienes fuerza para poner nada de tu parte, pero te juro que eres fuerte, solo que no lo estás viendo, pero ocupas buscar esa fortaleza en tu interior para afrontar lo que viene. —¿Y qué viene, mamá? —preguntó la rubia sin siquiera dejar la almohada. Ella estaba tan cansada y sin energía que se le antojaba pasarla en la cama por el resto de su vida—, ¿más depresión?, ¿más llanto?, ¿más dolor? Tras la última pregunta, la rubia lloró un poco más y su madre, que no sabía si decir lo que le atravesaba la cabeza, simplemente suspiró. Rebecca había notado algo en su hija y, a pesar de que no tenía la certeza de que fuera real, algo en su corazón de madre le decía que no estaba equivocada; por eso, tras tomar valor de quién sabe dónde, decidió comunicárselo a su más grande y primer amor verdadero: su bebé Estrella; porque, sí, antes de enamorarse de Alexandro, Rebecca Morelli amó a la mayor de sus bebés. —Amor, creo que estás embarazada —declaró Rebecca y Estrella se quedó fría, tanto que incluso su corazón se congeló y su respiración se detuvo momentáneamente—, a mí me parece que estás embarazada. —Claro que no —aseguró la rubia en un susurro cuando al fin pudo tomar aire de nuevo, sin saber a qué hora se había sentado en la cama—, Leobardo no puede tener hijos, y no he estado con nadie más que con él, así que es literalmente imposible, mamá. —¿Es cien por cientos seguro que él no puede? —preguntó la mayor, intrigada. —Sí —respondió Estrella—, no sé si fue un accidente o una enfermedad, pero en la adolescencia algo pasó y no puede tenerlos, por eso rechazaba a todas las mujeres que se acercaban a él, incluyéndome, porque no podía darles una familia, pero conmigo no había problemas porque nunca he soñado con ello. —Es que de verdad pareces embarazada —insistió la mayor y la joven rubia negó con la cabeza sonriendo solo un poco y de medio lado. —¿Cómo puedo parecer embarazada si estoy como ocho kilos debajo de mi peso normal? —preguntó Estrella, aguantándose ganas de burlarse de su madre porque, es decir, lo imposible es imposible—, eso son dos tallas menos a mi talla regular. —No es por abultamiento de abdomen, que evidentemente no tienes —señaló Rebecca notando en el rostro de su hija la burla que no contenía del todo, de ser así el tono de su voz no sería tan pícaro y divertido—, es algo en tu mirada, en tu rostro en general. Te ves tan bonita como se ven las mujeres embarazadas. —Estás loca, mamá —declaró la rubia, sonriendo, dejándose caer de nuevo en la almohada, sintiéndose mucho más relajada, pues, al parecer, la tremenda sacudida que le dio el shock de lo que su madre dijo le había hecho mucho bien. ** —Si pudiera ser un embarazo —declaró el médico tras revisarla y Estrella se volvió a quedar sin aire pues, como ella ya lo había dicho, era imposible—. Necesitamos algunos estudios, pero casi estoy seguro de que lo es. Los ojos de Estrella, que inmóviles en algún punto del exterior, en su interior, buscaban hasta la más mínima probabilidad, porque definitivamente posibilidades no había. —¿Puede que tenga más de seis meses? —preguntó la rubia, trastabillando y comenzando a sentir un fortísimo calor que la abrumaba demasiado, pues ese era el tiempo en que se había acostado con Benjamín, luego de eso solo fue el amor de su vida—… ¿Es posible que sea todo ese tiempo y no se note nada? —Imposible no es —aseguró el médico—, pero sí es un poco improbable, si lo estás deberías estar en el primer trimestre. —¡Imposible! —exclamó la rubia, sintiendo de nuevo la mente nublada y el corazón latiendo tan lento que estaba segura de que se volvería a desmayar en cualquier minuto. Y lo hizo, la rubia perdió el conocimiento y, a petición de la madre de la chica, Estrella fue llevada a un hospital donde no solo se le realizarían los estudios correspondientes, sino que le tratarían la severa deshidratación diagnosticada por el médico de cabecera de esa familia, y también la posible anemia que la rubia padecía. ** Estrella Miller Morelli frunció la nariz cuando su cerebro comprendió que el ambiente olía a desinfectante, entonces comenzó a despertar poco a poco, siendo consciente cada vez más de lo que a su alrededor ocurría, por ejemplo, el tictac de algún reloj y el bip de no sabía qué máquina, así que dedujo correctamente que estaba en algún hospital. Abrió los ojos y vio a su madre sentada relativamente cerca de ella, hojeando una revista, entonces suspiró sonoramente, atrayendo la atención de su madre hacia ella y comenzó a llorar. —¿Fue negativo? —preguntó la rubia, usando la palabra negativo como un mecanismo que la defendía de eso que no debería pasar. —No —respondió su madre y Estrella lloró mucho más—, si estás embarazada, así que, o Leobardo te mintió con eso de que no puede tener hijos o no lo sabe. Sin embargo, con su cabeza agotada, con las hormonas al mil y con ese llanto desesperado que la ahogaba, la rubia no escuchó lo último que su madre dijo y se sintió ofendida por un hombre que le mintió con algo tan serio, por eso lo odió mucho más de lo que lo amaba. » Cariño —habló la buena madre de Estrella y de Chase—, sé que esto es inesperado, que es confuso y hasta un poco doloroso, pero no puedes perder la calma. Hay cosas que necesitas saber para poder decidir: estás sobre la semana doce, y… ay, cielo, yo ni siquiera lo quiero decir, pero me imagino que sabes a lo que me refiero, así que busca en tu interior esa fortaleza que mencioné antes, respira profundo, tranquilízate y hablemos… ¿Puedes hacerlo? Y, aunque en ese momento la rubia escuchó cada palabra de su madre, solo pudo negar con la cabeza. Estrella Miller no podía tranquilizarse; es decir, esa noticia era justo la que no esperaba tener que escuchar jamás en la vida, y que el tiempo apremiara su decisión era mucho peor, por eso susurró un triste y ahogado “no” y su madre la abrazó con fuerza y con amor. Rebecca Morelli esperaría con paciencia a que su nena estuviera lista para lo que seguía, y mientras ese momento llegaba se sentaría a su lado, tomaría su mano y no la soltaría hasta que su bebé estuviera un poco bien y pudieran seguir con lo que debían seguir.
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