Estrella sintió que su estómago se hizo nada y el vacío comenzó a sentirse doloroso, quizá por eso se obligó a respirar profundo.
Ni siquiera imaginaba que Leobardo había notado su enamoramiento en aquel entonces, el cual ahora estaba segura de que él sabía, pero lo que más le dolía era saber que el futuro que se imaginó, aunque sin adoptar, pudo haber sido suyo si el otro no tuviera un complejo con su condición; aunque no podía negar que era comprensible que ese complejo existiera.
—Adoptar no siempre fue una opción para mí —declaró la rubia y el que se incorporó fue el otro ocupante de la cama—, siempre estuvo en mi mente la idea de no tener hijos jamás. No me gustan los bebés desde que Chase era un bebé, así que no quiero tener uno, nunca quise y no lo voy a querer después. Esta adopción frustrada empezó con un favor a Kenya, fue entonces que descubrí que sí quiero ser mamá, pero no de un hijo propio.
—Soy un estúpido —declaró Leobardo llevando sus manos a la cara y dejándose caer de nuevo espaldas al colchón—, te juro que me siento el hombre más estúpido de la vida.
Estrella sonrió, las inseguridades eran justo eso: estupideces, pero a veces eran tan grandes que limitaban la vida y destrozaban sueños; por suerte, el caso de inseguridad más grande que ella había visto, lo había superado su madre, quien puso el amor sobre todo y ganó su batalla contra el miedo que tenía de perder a sus hijos porque en realidad no eran suyos.
» ¿Y si empezamos de nuevo? —preguntó Leobardo Alarcón, descubriéndose el rostro—. Finjamos que no te rompí el corazón hace años, así podrás seguir enamorada de mí y yo decidiré amarte al fin, entonces casémonos, viajemos, trabajemos mucho y adoptemos un par de hijos para luego viajar más y ser muy felices.
—Estás loco —respondió Estrella sin poder negar con la cabeza, solo sonriendo levemente—. Yo ya no te amo, así que no me ames y, en realidad, no quiero otra adopción justo ahora, la pasada me rompió el corazón… Ser mamá tiene muchos riesgos, no sé si quiero asumirlos de nuevo ahora que sé exactamente lo que implican.
—Bueno —dijo el hombre, volviéndose a sentar, acercándose demasiado a la joven sentada en la cama—, no tiene que ser justo ahora. Me tomaré mi tiempo para reconquistarte; de todas formas, sé muy bien todo lo que te gusta.
Estrella sonrió con picardía. Aunque no creía volverse a enamorar de nadie, mucho menos de quien le rompió el corazón antes, imaginar las atenciones que ese hombre tendría para ella a partir de ese momento no sonaba para nada mal, por eso no se negó ni al beso que Leobardo comenzó y que interrumpió el grito de dos niñas entrando a la habitación.
—¡Dijiste que no era tu novio! —gritaron a unísono las gemelas y Estrella cerró los ojos y respiró profundo, luego de eso vio mal a su hermano, que fue el que abrió la puerta para ese par y para el tío de ese par, también.
—No lo es —respondió la joven, mirando al par de niñas que jugueteaban con la situación—, es un amigo que le gusta dar besos en la boca cuando se despide. Sería bueno que no conocieran nunca a nadie como él.
—Qué mala —murmuró Leobardo al oído de la joven, y también a su oído pidió que pensara en su propuesta y se preparara para la conquista, entonces se despidió de todos y se fue siendo mal visto por los dos hombres a los lados de la puerta que cruzó para irse del lugar.
—¿Volvieron a coincidir sus ganas? —preguntó Benjamín, sintiendo unas terribles ganas de vomitar, y ahora tenía un poco claro el porqué.
—Por si no te has dado cuenta —comenzó a hablar la rubia, siendo interrumpidas sus palabras por el quejido que su cuerpo emitió al sentir dolor por el movimiento de su cama, recibiendo al par de niñas de tres años—, no estoy en condiciones de tener ganas… Beca, no brinques, me duele.
—¿Te dele mucho? —preguntó la mencionada, acercándose a su madre justo como lo hacía su hermana gemela, y besó el collarín de su madre cuando ella le respondió que sí—. Sana, sana, tolita de dana.
La que ya no sería madre de esas dos, aunque ya las amara así, sonrió enternecida y rodeó con sus brazos a los verdaderos amores de su vida, quienes pronto le comenzaron a platicar mil cosas que, al principio, le encantó escuchar, pero luego de un rato, cansada incluso de estar sentada, no quiso escuchar más, por eso la joven invitó a las gemelas a buscar a Bolo y jugar con él mientras ella descansaba.
—¿De verdad estás bien? —preguntó Benjamín una vez que sus sobrinas dejaron la habitación.
—No —respondió Estrella—, la verdad es que tengo mucho dolor, sobre todo cuando me muevo, así que me acaban de dejar a punto del llanto. ¿Puedes llamar a mi mamá? Necesito que me ayude con el medicamento.
Benjamín asintió, preocupado en serio por lo mal que se veía una joven que le encantó siempre, pero mucho más luego de que juntos se quitaran las ganas; entonces salió a buscar a quien Estrella solicitaba y se sorprendió demasiado cuando la mujer mayor le miró mal, casi tan mal como lo había visto Chase cuando le abrió la puerta algunos minutos atrás.
Al final, con Estrella dormida tras recibir ungüentos y medicamentos tomados e inyectados, Benjamín no tuvo más remedio que irse del lugar llevándose a las niñas consigo, aunque le tocara tenerlas a Estrella.
Y es que el joven tío pudo darse cuenta de todo el mal que le hacía físicamente a Estrella tener que cuidar de dos pillas. En tan solo quince minutos ellas habían logrado dejarla al borde del llanto, así que lo mejor sería que se las llevara consigo, pues seguro era que, en la noche, intentando dormir con ella, solo la lastimarían mucho más.
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—Yo no creo que vaya a funcionar —declaró Benjamín al teléfono mientras hablaba con Enriqueta—, hoy de nuevo me tocó verla besando al mismo sujeto que la vez pasada.
—¿Qué no dijiste que solo eran amigos con derechos? —preguntó la azabache de ojos claros—. De ahí no me extraña que se besen cuando se encuentran.
—Sí —gruñó el joven—, ella volvió a decir que solo eran amigos, pero no es normal que se besen frente a otros si no tienen una relación, ¿o sí?
—Tienes razón —aceptó Enriqueta—, no se exhibirían como pareja si no lo fueran. ¿Dónde los viste?
—En la cama de su habitación —respondió Benjamín y deseó no haberse perdido la expresión que seguro puso su mejor amiga, porque ella era demasiado expresiva y muchas cosas la confundían—. Estrella sufrió un accidente y llevé a las niñas a verla, su hermano abrió la puerta sin anunciarse y ellos se estaban besando.
—Ah —hizo la de cabello oscuro y en la mente de Benjamín pudo recordar esa expresión muy conocida que siempre acompañaba semejante exclamación—, entonces no se estaban exhibiendo como pareja, puede que aún tengas oportunidad.