CAPÍTULO 27

1237 Words
—Siendo completamente franca —dijo Estrella tras suspirar tranquilamente, como quizás jamás en la vida lo había hecho—, no pensé que sería tan agradable estar convaleciente, me siento una princesa. Kenya se rio del comentario de su amiga, igual que ella. Estrella estaba disfrutando de su tiempo en casa como jamás había disfrutado un viaje vacacional, era mucho más placentero simplemente descansar que viajar, sobre todo cuando todo el mundo estaba tan al pendiente de ella y sus necesidades. » Espero no acostumbrarme demasiado —declaró la rubia, y su mejor amiga asintió con la cabeza. Con lo descuidada que era esa joven, si le tomaba demasiado gusto a estar convaleciente comenzaría a lastimarse inconscientemente para volver a su casa, a su cama y a la atención que todos le estaban dando, así era el inconsciente de Estrella Miller. —Entonces —habló Kenya, viendo como su mejor amiga se quejaba de un simple movimiento de cabeza—, ¿qué piensas hacer con Leobardo? ¿En serio vas a considerar salir con él luego de lo idiota que se portó contigo? —Bueno —dijo Estrella—, hay dos cosas ciertas en esa situación: la primera es que los idiotas me gustan, o al menos eso parece cuando me acuesto con el tipo que me rompió el corazón y con el tipo que me quitó a mis hijas; y la segunda es que entiendo un poco sus razones, parte de que yo me rindiera con el amor era justo eso, que no soñaba hacer una familia, no quería tener hijos y no quería obligar a alguien a cambiar sus sueños por amor a mí. —No creo que debas comparar tu situación con la de Leobardo —dijo Kenya, sintiendo una ligera incomodidad por la comparación escuchada—. No es que él no quiera, él no puede. —Pero estar en una relación implica, para ambos, que nuestra pareja deba no querer hijos, porque no planeo cambiar de opinión jamás —señaló la rubia, sonriendo casi descaradamente, provocando a su mejor amiga suspirar. —¿Cómo van las cosas con el otro lado? —preguntó la morena, ladeando un poco la cabeza para apuntar sutilmente al par de niñas que jugaban en la alfombra entre los sofás en que Estrella y Kenya estaban sentados. —Creo que fue cosa de una vez, nada más —explicó Estrella evidentemente desilusionada—. Ese sujeto no mostró más interés en mí, así que supongo que todo terminó antes de empezar, así que solo me rendiré a ser la tía de mis ojos, también. Al decir “mis ojos”, Estrella Miller también había señalado, pero con la vista, a las gemelas que cuidaba con ayuda de Kenya, y a ratos de su mamá o de Chase, porque definitivamente no podía levantarlas en brazos y ella se dormían en cualquier lado y comenzaban a hacer berrinches tirándose al piso. —Hablando de tus ojos —comenzó a decir Kenya—, ¿por qué no están en la guardería? —Poque Beca y Beta no quedían ir —respondió Beca sin levantar la mirada, sorprendiendo al par de jóvenes que, en realidad, no consideraban que ese par estuvieran participando en su conversación con lo concentradas que estaban en su juego—, quedían cuidar a mamá. —Oh —hizo la morena y la rubia sonrió, recordando como esa mañana había llegado Benjamín frustrado por no haber logrado dejarlas en la guardería, pues ambas comenzaron a patalear y gritar que querían ir con su mamá. Esa fue una graciosa escena que Estrella se lamentó por no haber visto, pues incluso el guardia del lugar se acercó al auto para verificar que no hubiera algún problema, porque dos niñas llorando por su madre en el auto de un hombre resultaba a veces un poco sospechoso. —Están un poco insoportables —señaló Estrella y su hija la miró furiosa, asegurando que no estaban, como ella dijo “Nsopotabes”—. Parece que aprendieron a decir que no y a enojarse, y ahora es todo lo que hacen. —No etamos nojadas —farfulló Beca y la rubia mayor le sonrió al par de rubias en la alfombra, entonces volvió a ver a su amiga, que veía con curiosidad a un par de niñas que también quería demasiado. —Anden, vayan a jugar con Bolo —pidió Estrella al par de niñas, que la miraron casi emocionadas—, así las podremos criticar a gusto. Beca, que seguía siendo la que más hablaba de las dos porque Beta raramente decía algo si no le preguntaban primero, miró con los ojos entrecerrados a la mujer que casi fue su madre, pero que las amaba como si lo hubiera logrado, luego de eso tomó la mano de su hermanita y juntas salieron a buscar al enorme can. —Entonces, al parecer es Leobardo o nada, ¿verdad? —preguntó Kenya y Estrella asintió y, aunque pensaba que “nada” estaba bien para ella, ahora que había sido mamá por casi un año, Estrella sentía que volver a la soledad sería bastante duro, y estaba segura de querer eso. Sin embargo, había una segunda opción, lo supo cuando al recibir al tío de sus hijas, que la recogía luego del trabajo, el hombre llegó con un gran ramo de flores y una sonrisa medio sospechosa. Todo fue incomodidad, aunque Estrella sonreía cada vez que veía ese precioso ramo de rosas rojas con una piedrita brillante en el centro de cada una de ellas; sin embargo, Rebecca no sonreía, ella seguía pensando que Estrella estaba buscando acercarse a ese hombre por las niñas, así no debía funcionar el amor, aunque a ella sí le hubiera funcionado. Es decir, Alessandro y ella se enamoraron en el inter de ser los padres de los mismos niños, pero Estrella no era como ella, y probablemente Benjamín y Alessandro no se parecían en nada, eso aunado a que él ni siquiera era el padre de las niñas, ni parecía tener planes de hacerlo según lo poco que sabía de ellos. El encuentro fue incómodo, la despedida aún más, pues Beca y Beta comenzaron a burlarse de su tío y su casi madre por las flores, llamándolos esposos y pidiendo beso, cosa que enojó aún más a la casi abuela de ese par, pero al menos no hicieron berrinche ni siquiera cuando no obtuvieron ese beso que pedían entre Estrella y Benjamín. La rubia caminó a su cuarto abrazando el ramo de flores, y luego tomó el pequeño sobre blanco que acompañaba una tarjeta que decía “Mejórate pronto” y que, a diferencia de la pulcra letra dorada impresa en la tarjeta, contenía una caligrafía manuscrita de no tan buena calidad. “Creo que deberíamos conocernos un poco más, pero con ojos diferentes a los de amistad, contrarios a los de rivalidad. Deseo podamos lograr darles a Beca y Beta la familia que merecen, por eso y porque me gustas de verdad es por lo que me voy a esforzar. Con cariño, Benjamín A.” Estrella sonrió un poco más, y pensó que, si era posible, también quería ser parte de la familia que ese par de niñas se merecían, ahora solo debía convencer a su corazón que amar no era tan irrazonablemente tonto como ella se lo había hecho creer.
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