CAPÍTULO 30

1255 Words
—Ni siquiera sé que voy a hacer yo solo con ellas —farfulló Benjamín con la cara entre las manos mientras sus codos se apoyaban en su escritorio, minutos atrás Estrella había dejado su oficina tras haber rechazado su oferta de irse con ellos a Canadá—. Dijo que, aunque le encanto, no me ama, y que no sabe si podría enamorarse de mí, porque en su vida solo ha amado a un hombre y él la ama también. —Es que no debiste planear un futuro a su lado sin asegurarte de que quería un futuro a tu lado —explicó Enriqueta, agradecida de que a él le pasaran cosas a su primera hora de la mañana, y no a final del día, que para ella era madrugada—, necesitas comenzar a pensar antes de actuar, todos tus problemas son por impulsivo. Benjamín asintió y respiró en serio profundo, lo tenía claro, y aun así cuando me nos lo esperaba ya había hecho algo. —De todas formas —soltó el hombre tras expulsar sonoramente el aire que inspiró profundo segundos antes—, no me iría sin ellas nunca, tengo que cuidarlas, las haré felices, se lo prometí a mi hermano. —Además —habló la joven de cabello oscuro y ojos claros—, no es como que no le muevas el tapete, ni que no puedas volver a México o como que las relaciones son para siempre, algunas se terminan, así que, si de verdad la amas y esperas lo suficiente, podrías tener una oportunidad de convertirla en la tía de tus sobrinas, aunque ella las ame como mamá. Benjamín suspiró, y es que las palabras de su amiga le sonarían esperanzadoras si no la hubiera visto sonreír discretamente cada que ese hombre la besó frente a él, era como una sonrisa nacida en el alma, quizá por eso Estrella no se daba cuenta cuando momentáneamente le delineaba los labios la felicidad. —Sobre ella no lo sé —dijo el joven, sintiendo el corazón apachurrado y el estómago hecho un nudo—, lo que sé es que lo que sigue de mi vida no será fácil, y qué solito me lo busqué. —Exacto —medio exclamó la azabache—, solito te lo buscaste, así que no te quejes porque, aunque entiendo que será difícil y lo siento un poco por ti, me alegro de que encontraras lo que quedó de tu hermano y te hagas responsable de ellas y su felicidad. Benjamín asintió, eso era lo que necesitaba hacer para saldar su deuda con su hermano, esa que solo se puso encima cuando lo vio perder todo sin que él pudiera hacer nada por ayudarlo; y también era lo que quería hacer por dos niñas que se robaron su corazón en cuanto las vio; porque sí, aunque sentía que no sería fácil, él haría todo por ellas, por ese par de rubias que amaba con todo su corazón. Y así, entre “aprovechar el tiempo” con las niñas antes de la despedida y disfrutar de su primer y único amor, Estrella se convirtió en un vaivén de emociones que la tenían entre la ansiedad y la depresión. Lo que en un inicio era la chica comiéndose las uñas y mordiéndose los labios se convirtió en ella llorando de la nada, y es que no podía dejar de sufrir por lo que aún no pasaba, por eso anticipaba sus emociones negativas y terminaba hundida en un estado entre el llanto y la desesperanza; porque, sí, más que desesperada, ella estaba desesperanzada. Leobardo pensó que tenía que ser así, ella estaba perdiendo lo que más amaba, y si lo comparaba con el tiempo en que él tuvo que renunciar a sus sueños de ser feliz con cualquiera, y luego de enamorarse con renunciar a sus sueños de ser feliz con Estrella, podía entenderla completamente, y por eso sabía que se le iba a pasar luego de que la separación se diera y ella terminara por resignarse a no estar con ellas, lo sabía porque lo vivió. Lo que Leobardo no estaba teniendo en cuenta era que no todos somos iguales, no a todos nos afectan las cosas de la misma manera y no todos reaccionamos igual a los mismos sucesos, así que, tras una despedida que dejó a la rubia de rodillas en el aeropuerto, viendo entre lágrimas como dos pequeñas rubias lloraban desesperadas por tenerse que separar de ella, mientras ella no podía ni respirar, el hombre se dio cuenta de que no la entendía tanto como en un inicio pensó. Estrella Miller, lejano a lo que esperaba tras meses de terapia psicológica que la prepararía para lo peor, cayó en un inevitable episodio depresivo que la hundió lastimosamente en el dolor y, aunque el hombre hizo de todo para alentarla, incluso mudarse momentáneamente al departamento de la rubia, no logró más que sentirse angustiado por el estado de la mujer que amaba. No fue solo Estrella quien se puso mal con la despedida, las gemelas que ella tanto amaba también lo resintieron demasiado, por eso las niñas enfermaron y, a sabiendas de que la respuesta a su bienestar era esa joven que se había quedado en México, Benjamín no dudó en acudir a ella para ayudar a las niñas a mejorar. Y ahora estaba ahí, de nuevo, entre el dilema de irse con ellas o quedarse con él, queriendo quedarse y necesitando irse. Estrella Miller jamás creyó que algún día su corazón y su razón trabajarían en bandos opuestos, y, sin embargo, lo estaban haciendo y la estaban enloqueciendo en el proceso. —¡Pues solo vete! —gritó Leobardo, cansado de soportar tanta angustia y completamente frustrado—. ¡Si es lo que necesitas para dejar de llorar, solo vete! Estrella, que al grito del hombre dejó hasta de respirar, volvió a llorar al notar la pena y frustración que le estaba causando al amor de su vida, con la necedad de su corazón por ayudar al par de niñas que adoraba. —Ellas están enfermas —dijo entre hipidos la rubia luego de lograr respirar de nuevo—… ellas son quienes me necesitan… Leobardo, viendo temblar a una rubia que en más de dos semanas no había logrado no llorar un día, entendió que su actitud no le estaba ayudando a ella, pero él tampoco sabía qué hacer, la amaba demasiado como para dejarla ir y, también, la amaba demasiado como para detenerla. —Estrella, amor —habló el hombre tras obligarse a respirar profundo por un par de minutos donde solo los sollozos de la rubia se percibían—, te juro que te entiendo, entiendo que quieras ir corriendo a ellas, por eso te digo que vayas. —No te quiero dejar —farfulló la rubia envuelta en llanto—, yo te amo… —Te amo igual —aseguró el hombre—, y de verdad entiendo que quieras ir a su lado, aunque pienso que lo que necesitas no es verlas o abrazarlas, es esforzarte por dejarlas ir; aun así, yo no iré a ningún lado, me quedaré aquí a esperar que vuelvas, por eso ve y, cuando ellas y tu corazón estén un poco listos para la separación, vuelve a mí, ¿sí? Estrella asintió, su corazón de verdad necesitaba ir a ellas, así que le tomaría la palabra al amor de su vida y regresaría a México en cuanto las supiera medianamente bien.
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