CAPÍTULO 34

1320 Words
—Estoy aterrada —dijo al fin Estrella, tras demasiados minutos de silencio que se sintieron como horas—, esto no debía de pasar, así que no sé qué debo hacer. —Bueno —dijo Rebecca, sintiendo al fin que respiraba, pues, todo el tiempo en que su amada hija se ahogaba entre sollozos, ella sentía que tampoco podía respirar—, si no sabes qué debes de hacer, deberías empezar a preguntarte qué es lo que quieres hacer. —No quiero ser mamá —respondió Estrella y el aire se agolpó de nuevo en sus pulmones con una fuerza tan impresionante que le dolía hasta el corazón— yo… —Amor —habló la madre de la rubia—, sabes, sé que nunca lo quisiste, pero, no sé, llámalo intuición femenina, o que tu madre te conoce muy bien, pero no te puedo creer eso que dices con tanto dolor; porque, además, tú ya eres mamá… Tienes dos niñas preciosas, ¿lo recuerdas? Y, contrario a lo que Estrella pensó minutos atrás que se sintió tan cansada de llorar que pensó que ya no lo haría más en un muy buen rato, la rubia volvió a ahogarse en llanto, y es que, de alguna manera, escuchar que ella ya era madre le quitó un poco el terror que le tenía a ser madre. Y es que Estrella había sido testigo cercano de todo lo que la maternidad obligaba a hacer, ella había visto como su madre biológica dio todo de sí hasta que no pudo más y se fue sin remordimiento alguno, porque ser madre acabó con ella misma, y también vio como su verdadera madre, esa que la ama más que a nadie a pesar de no compartir sangre con ella, dejó mucho de sí misma para amarlos a ella y a Chase. Rebecca incluso soportó el mal trato de Alessandro, todo por ellos, y soportar cosas era lo que ella decidió nunca hacer por nada ni por nadie, y por eso decidió no ser madre, porque amar a alguien crea la ilusión de que debes hacer todo por tus hijos, y ella no quería hacer algo tan horrible. Sí, Estrella Miller Morelli no estaba dispuesta a ponerse en segundo plano por nadie, por eso decidió no acercarse a alguien que amenazara su posición, y ahora estaba ahí con una vida en su interior amenazando lo que decidió que protegería para siempre. Sin embargo, eso no era lo único que la rubia temía pues, ahora que lo pensaba bien, ya teniendo en perspectiva su experiencia como madre de esas dos que amaba con todo su corazón y que con su lejanía la hicieron olvidarse de sí misma, de cuidarse y de hacerse feliz, tenía ya un punto de comparación y una clara idea de lo que podría ser su futuro como madre. Y es que no era que no lo hubiera pensado, a Estrella ya le había pasado por la cabeza la idea de tener ese bebé, pero, entonces, ¿qué pasaría si no lo podía amar como amaba a esas dos con quien no debió sufrir todo lo que con ese bebé sufriría? Estrella Miller había disfrutado de la maternidad a plenitud porque no tenía reproche alguno contra las gemelas: ella no debió sentirse mal por un embarazo, no debió odiar su cuerpo cambiado por una vida creciendo en su interior, no debió detestar tener que dormir poco y mal por cuidarlas cuando bebés, no les cambió un pañal, no debió limpiarse comida a medio comer, babas o mocos de dos bebés porque, cuando Beca y Beta llegaron hasta ella ya habían hecho sufrir a alguien más con eso. Y, aunque cualquiera podría decir que eso no era tan abominable como ella lo pensaba, ella seguía pensando que era asqueroso y horrible tener que limpiar los desechos corporales de otra persona, y no quería tener que hacerlo, así que su temor de no amar a su propio hijo como amaba a ese par de regalos, que le dieron un par de extraños, no parecía completamente infundado. Además, no es como que no hubiera precedentes de madres que no amaban a sus hijos: no todas las madres amaban a sus hijos y no todas tenían la suficiente paciencia y tolerancia a la frustración como para tratarlos bien solo porque eran sus hijos y los debían amar; es más, ¿por qué debían amar a otro ser humano solo porque creció en sus entrañas? Para Estrella no tenía lógica, para ella amar era cuestión de decisión más que de instinto, y ahora estaba en un tremendo conflicto. » Escúchame, princesa —pidió Rebecca cuando su hija volvió un poco a la calma—. Sé que no será fácil, eso lo sé bien, pero al final todo estará bien porque, independientemente a la decisión que tomes, cuando asumas tus responsabilidades con la decisión y sus consecuencias, y cuando superes todo eso, todo estará bien, tú estarás bien, así que no te presiones demasiado. —Es que no voy a poder —declaró la más joven entre hipidos por su llanto, uno controlado en ese momento, pero, al parecer, interminable también. —Puede parecer así —soltó la mayor tras una sonrisa tranquila—, pero sí se puede. Tella, no sé cuánto recuerdes de cuando nació Chase, pero si te confieso algo yo no estaba nada preparada para ser la mamá de un bebé en ese momento, así que fue tremendamente difícil y bastante doloroso, pero, sabes, aunque en el fondo siento que mi conexión contigo es más profunda que mi conexión con él, no creo que haya una mujer más importante para Chase que yo, y probablemente jamás la habrá. —Te ama con toda su vida —señaló la rubia y la castaña sonrió al asentir. —Lo sé, porque lo hice bien, a pesar de que al inicio pensé que todo lo hacía mal —señaló Rebecca Morelli—. Sabes, Chase era como un bebé abandonado, lloraba mucho porque se sentía solito. Tu padre estaba loco en ese entonces y yo no quería tener que hacerme cargo de él sola, además, estaba tan acostumbrada a ser solo tu mamá que me refugié en ti y el pobre Chase la pasó mal. Gracias a Dios, él no lo recuerda, y yo me permití conectar con él y amarlo tanto como te amaba a ti, a pesar de todo lo difícil que es ser mamá de un bebé. —¿Y si yo no puedo? —preguntó Estrella, lagrimeando y dándole paz al corazón de la mayor, pues el hecho de que Estrella estuviera viendo posibilidades significaba que lo peor podría no ocurrir. —Si puedes —aseguró Rebecca—, lo sé porque te vi ser una gran mamá, fuiste la mejor mamá que las gemelas pudieron tener, así que sé que puedes ser una buena mamá. —Pero, también está Leobardo —dijo Estrella como si eso explicara todo lo que en la cabeza le daba vueltas—, ¿cómo se supone que sobreviva a algo tan difícil estando sola? —No estás sola —aseguró la cuestionada, sonriendo con parsimonia y calma—, y con una familia como la nuestra las cosas no deberían ser tan complicadas. Estrella miró al techo, respiró profundo y sintió como si una enorme y pesada carga en su espalda, estómago, garganta y corazón se comenzaba a desvanecer. No, aún no había decidido ser madre de ese bebé que esperaba, pero ahora veía un poco más amplia la salida y, por tanto, también sentía que entraba mucho más aire a ese lugar donde, a momentos, parecía estarse ahogando así que, posiblemente su cabeza pronto se aclararía y podría tomar una decisión a consciencia, una de la que no se arrepentiría jamás, porque así era Estrella Miller, una mujer que decidía qué sentir y cómo sentirlo.
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