CAPÍTULO 32

1106 Words
La despedida fue triste, pero ya no tan angustiosa; aunque la ansiedad por la separación se hizo notar al instante, pues las pequeñas le marcaron a su madre ni bien ella desapareció de su vista en ese aeropuerto; sin embargo, escuchar su voz aun cuando no se podían ver les hizo sentir que de verdad todo estaría bien, que seguían estando unidas porque eran una familia para siempre. Las gemelas se quedaron mucho más tranquilas, casi bien, al contrario de Estrella que, definitivamente, parecía estarle tomando alguna clase de aversión a los vuelos, o tal vez se había centrado tanto en que ellas aceptaran la distancia que no logró trabajar en sí misma, y por eso continuaba sintiéndose angustiada y triste, y ni qué decir lo mal que estaba su estómago que le prometía que vomitaría si descuidaba solo un poco su respiración. Mientras Estrella se acomodaba en su asiento trataba de calmarse respirando profundamente y recordando las palabras de consuelo que había dado a sus hijas, pero el mareo tras una terrible náusea la obligó a cerrar los ojos e intentar concentrarse en cualquier cosa que pudiera distraer su mente de las sensaciones físicas que la abrumaban. Eso, definitivamente, tenía que ser gastritis por el estrés. Estrella le pidió al asistente de vuelo un vaso de agua y trató de tomar pequeños sorbos, esperando que eso aliviara su malestar, pero cada turbulencia del avión parecía agravar su estado, llegando a haber momentos en los que pensaba que realmente no podría controlarlo. La incomodidad de su estómago a garganta era persistente, y tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no dejarse llevar por el pánico. Entre arranques de ansiedad, provocados por la inquietud que le provocaba la separación, la joven se recordaba a sí misma que todo valdría la pena, que cada sacrificio que hacía era por el bienestar de sus amadas niñas y por la promesa de un futuro mejor. A pesar de los malestares, la rubia intentó mantener una actitud positiva y relajada, aunque en su interior luchaba con una ola de emociones y sensaciones contradictorias que le provocaba saber que, minuto a minuto, ella estaba más lejos de ellas de lo que le gustaría estar, y sonrió un poco al pensar que sí debió meterlas a su maleta y robárselas. A medida que el vuelo avanzaba, Estrella encontró cierto alivio al cerrar los ojos y recostarse en su asiento, concentrándose en la idea de que pronto estaría en México, donde sus seres queridos y su nueva vida la esperaban. Pensó en el vuelo de Canadá a México como una prueba más de su fortaleza y determinación y, aunque sus malestares físicos no hicieron el viaje más fácil, Estrella supo que podía superarlo todo por los que la esperaban con los brazos abiertos en su amado país natal. Finalmente, cuando el avión empezó a descender, una mezcla de alivio y anticipación inundó a Estrella. Pronto estaría en tierra firme, y cada incomodidad y malestar quedaría atrás, reemplazados por un nuevo comienzo lleno de esperanza y oportunidades en México. O eso pensó, porque ni bien se descuidó un poco tras el reencuentro con los suyos, ella volvió a sentirse tan triste que ni siquiera tenía hambre, y dejar de comer solo hizo que su salud se mellara un poco más. Es decir, cuánta energía podía tener una mujer que difícilmente comía; además, con su estómago trabajando sin alimentos, la gastritis que se diagnosticó en el avión se convirtió en realidad. Pero eso no era todo, no solo era el asco y las náuseas por la gastritis, también estaba la inflamación intestinal y la incomodidad que rallaba un poco en el dolor por todas esas emociones que no estaba sabiendo digerir adecuadamente. —Necesito volver al psicólogo —dijo para sí misma luego de devolver lo poco que había comido mientras sentía como si algo interno jalara su ombligo hacia su estómago, entonces lavó su cara y salió de la cama para poder ir a trabajar. Su noche había sido mala, su mañana no mejoró y, ahora que estaba sola en una casa casi extraña, todo se sentía en serio peor. Leobardo había salido de viaje de negocios, así que a ella le tocaba hacer muchas cosas sola cuando lo único que ella quería era llorar y para lo único que tenía energía era para dormir luego de llorar. » Creo que necesito más a mi mamá —se dijo la rubia tras ver su demacrado reflejo en ese espejo que no le mentía nunca y que, lastimosamente, le mostraba lo horrible que podía ser la tristeza. Sin pensarlo otra vez la rubia llamó a su madre, a quien le aceptó una invitación a desayunar a pesar de que había desayunado ya, aunque haberlo vomitado, debía contar como que no lo había hecho, ¿o no? Estrella Miller se subió a su auto rezando por no arrepentirse a medio camino, y condujo todo el camino con las ventanas abiertas y el aire acondicionado encendido pues, de alguna extraña manera, el viento y el frío lograban que su asco desapareciera un lo suficiente como para no devolver el estómago. —Te ves horrible —declaró Chase, que veía llegar a su hermana hasta la puerta de la casa luego de bajar del auto que estacionó junto al resto de coches de los miembros de esa familia—. Por lo menos deberías peinarte. —Cállate, Chase —ordenó la rubia entre dientes, pues definitivamente no le hacía sentir mejor que alguien le dijera lo mal que se veía, ella era plenamente consciente de ello, lo había constatado en el espejo y era precisamente así como se sentía: horrible—. ¿Y mamá? —En la cocina —respondió el rubio y la vio caminar lento hacia el lugar que mencionó, entonces movió la cabeza en negativas y se fue a seguir con su día. Sí, claro que le preocupaba su hermana, pero ella estaba por llegar con su madre, así que sentía que estaría bien, pues las manos de su madre eran las mejores, o eso pensó hasta que la alarmada voz de Rebecca pronunció su nombre a los gritos solicitando su ayuda. Chase corrió a la cocina de su casa para encontrarse con su madre hincada en la entrada sosteniendo a su desmayada hermana, entonces la tomó en brazos y la llevó hasta su habitación antes de llamar a un médico que le diera lo que fuera necesario para sacarla de la horrible depresión en que su hermana tenía meses sumergida y que, a simple vista se notaba, estaba acabando lenta y dolorosamente con ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD