CAPÍTULO 31

1184 Words
Estrella llegó a la casa de las gemelas con el corazón latiendo a mil por hora, todo el camino había sido una tortura, pensando en lo mal que estaban si la voz del siempre sonriente Benjamín Anguiano sonaba de tal manera. Todo era difícil, las náuseas no menguaban, así que su estómago estaba vuelto loco, y algo en su interior le decía que ese malestar no era por las turbulencias del vuelo o porque algo le hubiera caído mal al estómago, todo se solucionaría en cuanto sus ojos pudieran volver a ver al par de dos, como siempre las llamaba Chase, que amaba demasiado. Benjamín y Estrella llegaron hasta la habitación de las chicas y a la rubia se le partió el corazón, las dos estaban dormiditas juntas, tomadas de las manos y con sus ojitos hinchados de, seguramente, tanto llorar, entonces ella sintió las ganas de llorar y no pudo detener la contracción de su rostro, ni esa horrible sensación de ahogo que aumentó sus ganas de vomitar. —¿Y el baño? —cuestionó la rubia en cuanto pudo hablar de nuevo, entonces corrió hacia la puerta señalada por un hombre que ya había notado lo mal que ella se sentía, ahí devolvió hasta lo que no había comido; era como si su cuerpo, por medio del vómito, estuviera expulsando todos los malestares que había estado conteniendo. Sintiéndose mareada por el esfuerzo hecho al devolver el estómago, la rubia se recargó en el lavabo para sostener su pálido y sudoroso cuerpo, era como si de la nada ella se hubiera enfermado también, pero no podía hacer eso, no cuando sus niñas la necesitaban tanto, por eso respiró profundo, sacudió la cabeza y se mojó las manos hasta los codos, mojando su nuca también, pues necesitaba sentir lo frío del agua para sentirse viva de nuevo. Así, tras varios minutos de autosugestión que la convenciera de que todo estaba bien en su cuerpo, la rubia pudo dejar el baño y caminó hasta sus amadas bebés para darse cuenta de que, tal como lo pensó en cuanto las vio, su fiebre no era mala, así que los medicamentos deberían estar funcionando más o menos bien. En cuanto Beca y Beta sintieron una piel fría tocando sus frentes, abrieron los ojos, y sonrieron emocionadas y cansadas a la joven que tanto habían extrañado, por eso se aferraron a las manos de una mujer que, tal como ellas, lloraba demasiado. El reencuentro no había sido emocionante y efusivo, fue más emocional y tierno, pues ellas no corrieron hacia ella con los brazos abiertos, no tenían energía para ello, las gemelas simplemente cerraron los ojos con una sonrisa y suspiraron realmente aliviadas de saber que estaban de nuevo en manos de quien más amaban. —Las extrañé tanto —susurró Estrella entre lágrimas, sintiendo cómo su corazón encontraba un poco de paz. —Nosotlas tabién te estlañamos, mami —murmuró Beca que parecía hablar dormida, y Beta simplemente asintió, como si aún dormidas mantuvieran su conexión gemelar. Lo que siguió a ese pacífico reencuentro fue Estrella dedicándose por completo a cuidar de las gemelas. Les preparaba sus comidas favoritas, les leía cuentos antes de dormir y estaba siempre atenta a sus necesidades; así, poco a poco, las niñas comenzaron a recuperarse, y con la mejora física vino también la necesidad de hablar sobre lo que habían trabajado en terapia ya, pero que les seguía costando trabajo poner a la práctica. Una tarde, mientras las tres estaban acurrucadas en el sofá, Estrella decidió que era momento de tener esa conversación tan importante. —Mis amores, hay algo de lo que necesitamos hablar —comenzó suavemente la joven mujer, acariciando el cabello de las niñas—. Sé que ha sido difícil para todas estar separadas, pero quiero que sepan que siempre seremos una familia. Beca y Beta la miraron con ojos llenos de curiosidad y con un poco de tristeza, de alguna manera ambas sentían que esa charla marcaba el inicio de algo que no les gustaba para nada. » Aunque no estemos juntas todo el tiempo —continuó Estrella—, ustedes siempre serán hijas de mi corazón, y yo siempre seré su mamá del corazón. Nada puede cambiar eso. —¿Te vas a il? —preguntó Beca, comenzando a dejar notar su angustia, y al ver asentir a su madre hizo una pregunta más—: ¿No te pueles quedal con nosotlas? Estrella sintió como que un nudo se formó de golpe en su garganta, por eso debió aclarar su garganta en más de una ocasión, y también por eso se obligó a respirar profundo, pues la separación era demasiado dolorosa tanto para ella como para las gemelas. —Amor, yo tengo a mi familia en México —explicó la rubia casi apenada—, tus abuelos, tu tío Chase, tu tía Kenya y mi novio Leo están allá, allá está mi vida, por eso debo volver. —¿No podemos il contigo? —preguntó Beca con un hilo de voz y su madre negó con la cabeza. —Tu tío Benjamín y tus abuelos están aquí —soltó la mayor como si eso explicara todo, o tal vez sí lo hacía, porque ambas niñas asintieron como si entendieran la razón detrás de esa pequeña aclaración—, ustedes deben estar con él, pero hay algo que deben recordar siempre, y eso es que, el amor que compartimos es más fuerte que la distancia, y siempre estaremos conectadas, sin importar dónde estemos. —La coloca dijo que somos una familia especial —recordó Beta, abrazando a su hermana, que parecía ser la más ansiosa, aunque ahí todas tuvieran ganas de que la mayor las metiera en una maleta y se las llevara a México con ella. —Somos una familia del corazón —dijeron a unísono las tres, y sonrieron un poco aun cuando lo que más compartían eran sus ganas de llorar. —Es cierto —confirmó Estrella—. Y esa es una conexión que nunca se romperá. Ustedes son mis hijas y nada ni nadie puede cambiar eso. Las niñas se acurrucaron aún más cerca de Estrella, sintiendo el consuelo de sus palabras. Aunque sabían que el camino por delante no sería fácil, también sabían que tenían a su mamá del corazón siempre con ellas, y eso les daba la fuerza para seguir adelante. —Siempre estaremos juntas en nuestros corazones, mis amores —dijo Estrella, besando suavemente las frentes de las gemelas—. Lo más importante es que nos amamos y que nunca dejaremos de ser una familia, y que les regalaré un teléfono a cada una para que podamos comunicarnos siempre y no necesiten que su tío les preste su teléfono, podrán llamarme siempre que quieran, yo siempre les responderé, lo prometo. Y, con esas palabras, Estrella, Beca y Beta se quedaron en silencio, disfrutando del amor y la conexión que las unía, sabiendo que, pasara lo que pasara, siempre tendrían un lugar seguro en el corazón de la otra, y ni la distancia las iba a separar.
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