El lunes por la mañana Paris salió de su casa como de costumbre, el invierno había pasado y ya no era necesario que portara gruesos abrigos o gorros de estambre que mantuvieran su cabeza caliente. Paris portaba un vestido rosado pálido que contrastaba de manera hermosa con su cabello rojizo, en su hombro llevaba su bolso y dentro de él todo el material nuevo que había comprado con el dinero que la universidad había comenzado a darle como parte de su beca. Paris se asombró al observar un auto fuera de su casa, era un auto de Sebastián, lo sabía porque lo había visto estacionado en su casa. —Buenos días —saludó el chofer que en efecto, trabajaba para Sebastián, su nombre era Raúl, tenía alrededor de treinta y cinco años, de piel clara. Paris se extrañó de verlo frente a su casa, pero pron

