La suite del hotel donde las dos parejas estaban pasando la noche se conformaba de dos habitaciones con muros de cristal, cada una con su respectivo tocador y uno más al final de la sala de estar. Cuando Madison se retiró de la terraza junto con Henry, no fue a la habitación, en cambio siguió hasta el fondo de la sala de estar y abrió aquella puerta que mostraba un tocador hermoso con muros y pisos de mármol blanco. El silencio de la suite era tranquilizador y hasta cierto punto romántico, el ambiente mostraba un aura hermosa de San Valentín, con el aroma a rosas destilando por doquier y las mechas de las velas encendidas brindando solo la luz suficiente para observar por donde podían desplazarse. Henry no esperó a que Madi le informara sus intenciones, pues en cuanto cruzó la puerta, e

