Salir esta mañana de casa fue toda una odisea. Mi madre insiste en acompañarme a todas partes y en que aún hay muchos temas pendientes para la boda, como elegir la decoración de las mesas, pero me puse firme y le dejé claro que pienso retomar mi vida. Hubo llanto y hasta amenaza de desheredo, lo cual me parece ridículo. Puedo decir con la memoria que tengo y el trato de estos días, que los conozco muy bien y sé que esa es una amenaza vacía, no son los mejores padres del mundo, pero siempre a su manera han estado ahí para mí y tengo claro que aunque estén errados, todo lo hacen convencidos de que es lo mejor para mí. Llego con algo de tiempo al lugar de la cita y lo recorro con calma. Caminar aquí me da paz y tengo el impulso de comprar la colorida escultura de un galgo a tamaño real, l

