Mi contacto en la policía me informa que han reportado problemas de drogadicción en escuelas de mi zona. Mis instrucciones siempre han sido claras en ese sentido, no se le pueden vender drogas a menores de dieciséis años, punto. Con eso en mente, pido a Michael información de los dealer de los alrededores del colegio, encontrando tres chicos y extrañamente, a uno de ellos se le han disparado los ingresos por distribución en los últimos cuatro meses. No hay que ser un genio para saber cuál es su nueva estrategia. Estoy sopesando el castigo del chico, cuando mi celular suena y el nombre de Lorena se lee en la pantalla. —Hola, preciosa, ¿Tan pronto me extrañaste? —contesto complacido por escucharla tan temprano en la mañana, es madrugadora, eso me agrada. —Hola, Richard, eres justamente

