capítulo 6.

2687 Words
MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. Capítulo 6. Sentí qué alguien acariciaba mi rostro, me levanté de golpe. —Disculpa no quise asustarte — comentó Katia—. ¿Cómo te sientes? —Como en una película de terror —suspiré. —Debes reconocer que Álex se lució —comentó. —Sí, no me lo esperaba. —Pero dime, ¿Qué se siente estar en los brazos de esa cosita y tenerlo tan cerca? Soltó una carcajada. —¿Crees qué después de todo lo que viví pensé en eso? —Puse mis ojos en blanco —Eres de piedra para no sentir, ¿En serio? —se cruzó de brazos. —¡Que no! —exclamé. —No te enojes, te traje este postre, no probaste un bocado, te vas a enfermar. —Gracias, pero no tengo hambre. —Ok, que te mejores —me lanzó un beso. —Katia si tanto te gusta mi estúpido hermanastro, ¿por qué no haces tú lucha? Al fin él a todas les sonríe —indagué con curiosidad. —No te niego que está muy guapo — Sonrió muy maliciosa—,pero no me gusta meterme con las cosas de mis amigas. —¿De qué hablas? —La miré confundida, ella sonrió. —Que tu estúpido hermanastro te lo dejo a ti. Soltó una risita y se fue, ¿pero de qué hablaba? Yo tragué agua y al parecer a ella le afectó. Luego de una hora recogí mi cabello, me puse un suéter y me reuní con los demás. —¿Cómo sigues Paola? —preguntó el profesor. —Mucho mejor. —Me alegro, regresa con tu compañero que iremos a ver los estanques de peces y su debido manejo. Caminé hasta él, sólo me miró. —Gracias —solté. —Donde llegué a casa sin ti, quién se aguanta a Estefanía y a mi padre, además ganaré una excelente nota y la admiración de las chicas. Sabía que sólo lo había hecho para alimentar su estúpido ego. Pasamos por los estanques, donde tenían variedad de peces, nos explicaron cómo era el proceso desde que se sacaba la semilla hasta que se pescaban, estaba parada mirando los peces en el borde cuando pasó Oriana por mi lado. —Cuidado Paola te caes, tú eres experta en ahogarte. Soltó una estúpida risita, al igual que algunos compañeros, incluso él sonrió. Me subió el calor al rostro, me hervía la sangre, quién se creía la estúpida, juré que me las iba a pagar. —Tú porque sufres querida —Solté una risita fingida, con mucha ironía—,si de casualidad me caigo, para eso tengo a mi querido hermano para que me salve. La estúpida cambio de color, Álex sólo me miró, el profesor nos llamó la atención, seguimos en lo que estábamos. —¿Ahora resulta que soy tu hermano? ¿Tan pronto cambiaron tus sentimientos? —preguntó tras de mí. —Ni en sueños —puse los ojos en blanco—,solo lo dije para fastidiar a tu estúpida novia, contrólala, que no se meta conmigo. —¡Uy! ¡Que miedo! —levantó una ceja. —Deberías tenerlo —escupí. Así pasamos el resto de la tarde, como siempre ignorándonos. El dueño de la finca nos dejó pescar para hacer un asado en la fogata, fue idea del profesor, según porque era la última noche, para cerrarla como era debido. Me senté en la orilla del estanque, todos disfrutaban pescando y hacían bromas —Tú turno —me entregó una vara de pescar. —No quiero —me encogí de hombros. —Se supone que el amargado soy yo —agregó. —Algo se me tenía que pegar estos días con tu compañía. —No me digas que también te da miedo de los peces —Lo dijo con cierto tono de burla. —Se supone que debo reírme. Tomé la vara de pescar y la tiré al estanque, casi al instante pico, halé la vara sacando un gran pez, levanté mi ceja mientras lo miré. »Ves, nada del otro mundo. —Qué sorpresa, la insoportable sabe pescar —soltó una risita. Solo lo ignoré, él siguió en lo suyo. Luego caminamos hacia el estanque más grande, estaban todos en ese lugar, yo estaba recargada en una pared cuando Oriana se acercó, extendí mi pie y ella tropezó perdiendo el equilibrio cayendo al estanque. Solté una sonrisa triunfal, nadie podía saber que fui yo, menos ella, pues habían muchas personas en el lugar, se imaginan los gritos de la estúpida, el olor con el que quedó. Obvio Álex le ayudó a salir, olía asqueroso, la risa de todos los compañeros, esa mujer estaba furiosa, el profesor les llamó la atención y la envió a cambiarse mientras entrabamos por un refrigerio. No saben la satisfacción que tenía, le dije que no se metiera conmigo, caminaba con una sonrisa en mi rostro cuando sentí que me halaron del brazo. —¿Fuiste tú, verdad? —exclamó furioso. —Ahora resulta que todo lo malo es mi culpa — Retiré mi brazo—,qué culpa tengo de que tu novia estuviera dormida y no se fijó por donde caminaba. Me senté y él a un lado, con su mirada tan fría como siempre respondió. —¿Crees que soy estúpido? Estoy seguro que fuiste tú, le pusiste el pie para que tropezara, yo te vi, así que no lo niegues. —Te dije que no se metiera conmigo —fruncí el ceño. —Esto no se queda así —escupió. —Me vale — puse los ojos en blanco y me encogí de hombros — . Puedes hacer lo que se te pegue la gana, si quieres ya mismo le decimos al profesor que yo la hice caer y que anoche se salieron de sus tiendas en medio de la noche. —No entiendo porque no dejé que el agua te tragara — Frunció el ceño, empuñó sus manos—,no te soporto, al fin mañana termina esta pesadilla. Era de esperarse, no podíamos dejar de discutir por menos de media hora, eso sería un récord, solo respiré, con la mirada le dije todo. Le di la espalda y lo ignoré, cómo les puede gustar un insoportable, odioso como ese, lo odiaba, lo aborrecía, estaba segura. ❀ •─────• ❀ •─────• ❀ Más tarde… Preparamos todo para el asado, prendimos la fogata, todos nos reunimos alrededor, en toda la tarde no cruzamos palabras, ignorándonos como siempre. Todos hacían bromas, reían, incluso pusieron música y empezaron a bailar. Álex bailaba con Oriana, él estúpido tenía buenos movimientos, ¿por qué lo estaba mirando? Juan me sacó a bailar, él también tenía lo suyo, sentía su cuerpo rozar el mío, mientras respiraba cerca de mi oído, erizaba mi piel. Luego al profesor se le ocurrió una dinámica, bailar al ritmo de la música, cuando él le pusiera pausa de inmediato hacer un cambio de pareja, pero tenía que ser rápido antes que la música sonará de nuevo, el más lento se quedaba sin pareja y fuera del juego. Ganaban los más rápidos, era divertido porque no teníamos tiempo de pensar a quién escoger, era al azar, había que pensar rápido, el primero que tomáramos de la mano ese era. Yo empecé con Juan, luego Mateo, así seguía muy pendiente de no perder, ya varios habían quedado por fuera, incluyendo la tonta de Oriana, cuando él profesor pausó la música y gritó “cambio de pareja” giré y literal me encontré de frente con Álex, cruzamos miradas y de repente me tomó de las manos, para rematar mi mala suerte pusieron un reggaetón esa canción era su favorita, porque varias veces lo había escuchado ponerla a todo volumen. Quise salir corriendo, porque sentí algo extraño que no podía explicar, frío tal vez, cuando empezó a sonar la música, él se posicionó tras de mí, puso sus manos en mi cintura, empecé a moverme al ritmo de la música y terminé pegando mi cuerpo al suyo, de verdad me había hecho daño tragar tanta agua, porque sentía fuertes corrientes en todo mi cuerpo, solo quería cambiar de pareja rápidamente, aunque fue corto el tiempo que bailamos me pareció una eternidad. Tenía la cabeza en otro lado, por eso quedé fuera de competencia, regresé al lado de la fogata y me senté. —¿Eso qué fue? — preguntó Katia con curiosidad. —¿Qué? —respondí con una pregunta. —Esas miradas —me miró. —Como siempre, de resentimiento —me encogí de hombros. —Perdón amiga, estoy ciega, porque esas miradas eran muy extrañas. —Ideas tuyas, sácate las películas de tú cabeza. Me quedé seria, ella solo sonreía. La noche estaba muy bonita, pero empezó a nublarse, solo rezaba para que no lloviera, eso sería fatal para mí. Le dije al profesor que me dolía la cabeza, que me iría a dormir, me dijo que no había problema. Eran las nueve de la noche, los demás estaban muy animados bailando y charlando. Me acosté, estaba muy cansada y solo quería dormir para que amaneciera pronto, cerré los ojos y cuando estaba quedándome profundamente dormida empecé a tener pesadillas, sentía esa horrible sensación que sentí horas atrás, daba vueltas y no podía dormir. Tenía pesadillas horribles, me sentía ahogada, era desesperante. Miré la hora era las once de la noche, casi al instante entró Álex, se acostó y cerró los ojos. Trataba de dormir, pero las pesadillas eran recurrentes, en una de ellas me desperté rapidísimo, me senté de golpe, estaba bañada en sudor. —No hay duda que hasta para dormir eres insoportable — murmuró—, desde que entré no has dejado de moverte. Eran las doce de la noche, puse mi cabeza sobre mis rodillas, respiré, pero esa noche sería eterna. —¿Tienes pesadillas? —preguntó. —Sí. —¿Por lo qué pasó hoy? —Volvió a preguntar. —Cierro los ojos y solo siento esa sensación, es horrible. —Pobre del hombre que se case contigo —Se cubrió hasta la cabeza—, es una pesadilla dormir contigo. —¿Quién dijo que yo me voy a casar? — me acosté otra vez. —¿Quién se casaría con una insoportable como tú? — Se destapó y giró su cabeza para mirarme. —No importa —estaba perdida en mi mente, por eso lo que dije se me salió—,prefiero estar sola, para qué casarte con alguien que decida irse y dejarte con un hijo, para destruir su mundo, no me interesa. Me cubrí el rostro con la sábana y cerré los ojos. —En fin, duérmete porque yo si tengo sueño. Logré dormir una hora, pero un estruendo me hizo saltar, mi corazón latía más rápido que nunca, era un trueno durísimo, esto no podía estar pasando. Álex lanzó la cobija, estaba furioso. —¿Ahora qué rayos pasa? —gritó. Empezó a tronar, los relámpagos alumbraban todo, estaba abrazando mi cobija, Álex podía escuchar los latidos de mi corazón, él seguía discutiendo, pero yo estaba aterrada, no respondía nada, cada trueno era más fuerte, la tierra se estremecía, estaba entrando en pánico. — ¡Que no escuchas, te estoy hablando! —Gritó. En ese momento cayó un rayo, empezó a llover a cántaros, de un momento a otro me quedé a oscuras porque la linterna se apagó, se descargó, solo cerré los ojos y grité. —¡Aaaaaaah! —¡PAOLA! — me gritó. Empecé a llorar, estaba llena de pánico, le tenía pánico a las noches de tormenta más en oscuridad total, estaba en shock. Cada músculo de mi cuerpo estaba tenso y mi cerebro dejó de emitir pensamientos. Él sacó su linterna y la prendió. »Paola sólo es una tormenta —habló. —No entiendes —abracé mis rodillas con fuerza mientras todo el cuerpo me temblaba—,¿no escuchas? —Sí, está tronando y lloviendo durísimo. —¿Nunca has sentido miedo? —Una tras otras se escapaban mis lágrimas, lo miré — , ¿no le tienes miedo a nada verdad? Odio las noches, más las de tormenta les tengo pánico. Con cada trueno y relámpago mi cuerpo se estremecía, no podía dejar de llorar, Álex se empezaba a desesperar, tomó su abrigo y se lo puso. —Me largo, aún lugar donde me dejen dormir —Escupió. Abrí mis ojos como platos, ahora estaría sola, abrió la carpa y salió. Llovía durísimo, cayó un rayo que incluso hacía estremecer la tierra, para rematar su linterna también se descargó, solo grité y grité con todas mis fuerzas a punto de quedarme sin voz, estaba sola en total oscuridad. —¡Aaaaaaah! Los truenos eran seguidos, me dejé caer abrazando mis cobijas, me dolía el pecho, estaba buscando mi celular para alumbrar con él, grité y casi se sale mi corazón cuando sentí que alguien me tomó de los pies. —¡Maldición Paola, cálmate, tranquila! —gruñó. No pensé en lo que hice, solo me le lancé encima y lo abracé con todas mis fuerzas, él se quedó inmóvil, trataba de prender mi celular, pero Álex me lo quitó. »¿Estás loca, quieres que nos parta un rayo? Lo alejó de nosotros, yo seguía aferrada a su pecho, se escuchaba los latidos de mi corazón y mi respiración agitada, mi cuerpo se estremecía cada que el cielo se iluminaba, solo sentí que me abrazó. ¿Pueden creer que me sentía protegida? Tenía el abrigo mojado, aún no entendía por qué se devolvió, susurró en mi oído. —¡Cálmate, no pasa nada! —Tengo mucho miedo —susurré. Trataba de alejarse de mí, pero estaba aferrada a él, en ese momento no pensaba en nada, no me importaba nuestra rivalidad, el miedo era más grande que cualquier otra cosas. —Paola déjame que me tengo que quitarme el abrigo, te estoy mojando toda. Lo solté, me imagino se quitó el abrigo, todo era oscuridad no podía ver nada, solo se veía como se iluminaba todo con los relámpagos, busqué su mano y la tomé, la apreté con fuerza, él me devolvió el apretón. — Todo va a estar bien, no te pongas así —habló. —Quisiera controlar esto, pero cómo controlas algo que es incontrolable. —Ven acuéstate, trata de dormir. Estaba aferrada a su brazo, él se soltó, me acosté y le di la espalda, me cubrí con la manta, encogí mis piernas lo más que podía y crucé mis manos contra mi pecho, mis lágrimas salían una tras otra, apretaba los dientes con fuerza para que él no me escuchara llorar. No saben lo que era escuchar los truenos para mí, eso era el infierno, en ese momento solo quería desaparecer, cada momento llovía más y más duro, creo que eran las dos de la mañana, solo anhelaba que eso se acabara rápido. Los que tienen miedo a algo podrán entender mi sufrimiento y mi agonía, trataba de no llorar, pero era imposible. Estaba colapsando luego sentí que alguien me abrazó por la espalda, sentí una respiración en mi cuello, esa misma sensación como un toque de electricidad acompañado de calma. —¡Shhh!, no llores mocosa insoportable, pronto dejará de llover, estoy aquí ok, no pasa nada, solo es agua —susurró en mi cuello. No se imaginan lo que sentí, estaba en brazos de la persona que más odiaba y esa misma persona me hacía sentir tranquila, que loco. Me giré quedando frente a él, en ese momento no pensaba en nada, hundí mi cabeza en su pecho entrelace mis piernas con las suyas, los latidos de su corazón eran rápidos, no creo que él tuviera miedo de la noche. No me alejaba de su pecho, no quería ver el reflejo de los relámpagos, solo quería escuchar el latir de su corazón para no escuchar los truenos, sentí sus manos en mi espalda abrazándome con fuerza como diciendo estoy aquí, aunque nos odiabamos él podía darme un poco de calma, una seguridad que yo no podía entender. Continuará…
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