MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. Capítulo 32. —Siempre interferimos en sus planes de boda —respondió. —Ellos siempre quisieron casarse, pero por culpa de nuestros caprichos no lo hicieron —agregué. —Su amor tiene que ser muy fuerte para resistir tanto, ojalá puedan cumplir su sueño. —Ahora podemos entenderlos más fácil por lo que ambos estamos sintiendo —añadí. —Tienes razón, nuestro amor también es muy grande, ojalá ellos puedan alcanzar sus sueños. —Esperemos que sí, pero cambiemos de tema. Pasamos por la heladería, empezó a ponerme helado en la nariz, yo hacía lo mismo, empezamos a reírnos, cuando no era yo haciendo dramas era él, eso nos hacía diferentes de las demás parejas, lo caprichosos y dramáticos que éramos. Pasamos una tarde increíble, él siempre me hacía olvidar de todo lo

