La cabeza de Ryan estaba inclinada, mantenía las manos en su rostro, aún se hallaba de rodillas, y sollozaba con fuerza. —¡Eres una desgraciada Paige! —exclamó apretando los dientes. —¡Me quitaste los mejores años de la vida de mi hija! ¡Le diste mi lugar a otro! ¡Todo por tu ambición! El corazón le latía con violencia, la garganta la tenía seca. —¡Ni siquiera quise conocer a mi propia hija! —gimoteó sintiendo un ardor el pecho que le laceraba el alma. —¿Por qué lo hiciste Paige? —gritó con todas sus fuerzas y tomó un cenicero de una mesa esquinera y la lanzó contra la pantalla del televisor, el ruido que eso causó fue ensordecedor. **** Vanessa no probaba bocado, las niñas se alimentaban, reían, charlaban, para ella todo eso eran murmullos, su mente se hallaba dispersa, no dejaba

