Vanessa sintió que la piel se le erizaba, no le agradó el tono en el cual él le habló. —Habíamos quedado en desenmascararlo, y esta es una buena oportunidad —contestó apretando los dientes, arrastrando las palabras. Ryan bufó molesto, tiró de los mechones de su cabello. —Pero no a costa de un gran negocio. ¿Te volviste loca? —gritó. Vanessa apretó los puños, respiró profundo. —Ni siquiera sabemos si no lo logró —comentó—, y te pido que me bajes el tono de voz. —Irguió la barbilla. Él la observó con profunda seriedad, su pecho subía y bajaba agitado. —Si la venta se cae, será tu culpa Vanessa Johnson. —Salió de la oficina y azotó la puerta. Vanessa tragó la saliva con dificultad, jamás lo había visto tan molesto con ella desde que se hicieron amigos. —¡Eres un imbécil! —bu

