El día en que Heleanor había recibido la llamada en su oficia, luego de la sesión erótica, había sido de la doctora, que le había realizado la prueba de embarazo. —Señora Heleanor —dijo la doctora, preocupada—. ¿Está libre hoy? Es menester, que me reúna con usted. —¿Por qué? ¿Qué ocurre? —preguntó Heleanor. Arrugó el entrecejo. Pensó que sus pendientes habían terminado con ella, al dictar el resultado de la prueba—. ¿Es tan relevante? —Sí, señora Heleanor. Lo que debo contarle, no se lo puedo decir por teléfono y es de carácter urgente. Heleanor no demoró en asistir al consultorio de la doctora, la cual se había expresado de forma inquieta; por lo que ella, también, se había colocado intranquila, con lo que podría estar sucediendo. —¿Cuál es la razón, por la que me hace venir, doctora

