Hedrick le quitó la pieza de algodón y ante su mirada, de nuevo, se revelaba el esbelto cuerpo desnudo de Heleanor; si seguían así, pronto grabaría cada trazo de la artística figura de ella en su memoria. Se acercó lento, con su empinada virtud, sobresaliéndole en la tela de la toalla. La rodeó por la cintura y la pegó contra él. Se inclinó un poco para llevar uno de los senos a su boca y luego el otro. Los mordisqueaba y los succionaba con insaciable apetito. No puedo aguantarse la tentación y deslizó sus manos a los blandos glúteos y les dio un fuerte apretón. La cargó con cuidado y le sentó en el borde del alargado y rectangular tocador. Heleanor sonrió con malicia, en tanto miraba a los azulados ojos de Hedrick, que se la quedaron viendo con atención y separó las piernas para él, sin

