Hedrick sabía que todavía no había finalizado. Así que, le removió el consolador. La cargó y la sostuvo por los muslos. La pegó contra la pared, mientras ella se había asegurado con los brazos en su cuello. Se acomodó dentro de ella y volvió embestirlas. La miraba a los ojos, con propiedad y deseo. ¿Por qué era tan hermosa, tan provocadora y tan incitante? Aumentó la fuerza de sus embestidas. La besaba por el cuello y siguió asaltándola, con tanta excitación, como si quisiera romperla. Tumbaban algunas cosas y ya no les importaban los ruidos. Tardaron otro tiempo, hasta que apretó sus manos y volvió eyacular en el interior de su preciosa Heleanor. Ya estaba fatigado. Miraron el despacho, casi todo estaba desordenado y tirado en el suelo. —Tal vez nadie lo note —comentó Hedrick, robándole

