Capitulo N°1

1328 Words
||El Refugio de los Condenados|| «Ángel» Enana vámonos!!- le grito a mi hermana de 10 años desde la entrada de lo que era nuestra casa hasta hace 10 minutos Ya voy Ángel- me dice y baja ella con su bolso en mano abrazándolo fuertemente como si allí guardara los últimos rastros de su inocencia, nos montamos en la camioneta, Bajo la lona trasera, los restos de nuestra vida anterior y nos ponemos en camino al pueblo con nombre de cementerio Lake Diamont Black No es el comienzo de una nueva vida, solo nos estamos reposicionando en el tablero Porque nos mudamos de nuevo?- pregunta mi hermana después de unos minutos de silencio, la veo de reojo y ella está sentada en el copiloto viendo por la ventana con esa mirada que no deberían tener los niños, una mirada que decía que había visto el rostro del mounstro y sobrevivido Ella no preguntó de dónde venía el dinero para las camionetas, las casas o los sobornos. Hay verdades que pesan demasiado para una niña de diez años, y secretos que yo guardo bajo llave en una habitación de mi mente donde ella no tiene permiso de entrar. Sabes el porque salimos de Venezuela?- le pregunto mientras sigo conduciendo, Kelly es inteligente desde pequeña entendió que sus padres no eran protectores, sino carceleros Mis papás hacían cosas malas- me responde, a pesar de su edad, la rescate de "nuestros padres", realmente sus padres Biológicos a mi me adoptaron por error o por capricho- tu los mandaste en un viaje a las llamas- así le decía ella, Kelly a pesar de tener 10 años es muy inteligente, demasiado para su propio bien La rescaté de ese infierno cuando mis dieciocho años me dieron la libertad legal para ser su verdugo y su salvador. Habíamos saltado de Brasil a Italia, de Colombia a Cuba, borrando huellas como quien limpia sangre de una alfombra. Ahora, este pueblo perdido en el bosque era nuestro escondite -Vas a ir a la escuela, por fin -le dije, forzando una sonrisa. -¿Voy a poder tener amigos? -La pregunta me golpeó el pecho, Las escorias que la crearon no la dejaban tener amigos y desde que comenzamos a movernos poco tiempo pasa en cada sitio donde estamos y sus amistades son fugaces -Claro que sí. Eres una Keller; somos venezolanas, el ego lo llevamos en el ADN, Ella ríe recuperando ese Brillo guerrero que tanto me costó devolverle, pero mi mano derecha bajó discretamente hacia el botón n***o de mi reloj táctico. Es mejor evitar accidentes Reímos y cantamos todo el camino relajando el ambiente. A dónde iremos?- pregunta, es de noche y estamos a horas de llegar al pueblo A un pueblo, allí nadie sabrá quienes somos- le respondo, sigo rodando y Key se pasa a los asientos de atrás para poder acostarse A las 7:00 AM, el letrero de bienvenida nos recibió bajo una neblina densa. El pueblo parecía sacado de una postal antigua: casas pintorescas y gente que se saludaba con una amabilidad que me pareció... ensayada. -¿Vamos a vivir aquí? -preguntó Kelly con los ojos brillantes. -En la casa del bosque. Con el lago para nosotras solas -le aseguré. Teníamos hambre así que nos detuvimos frente a un café: "GinaCoffe.R". Al bajar, sentí el peso de las miradas. Éramos extrañas, una mancha de aceite en un lienzo limpio. -¿Por qué nos miran tanto? -Kelly apretó mi mano. Su respiración empezaba a volverse errática. Un ataque de ansiedad asomaba en el horizonte. -Porque somos nuevas y estamos guapísimas, Key. Nuestra presencia impone.—Dije haciéndola reír y calmarse Entramos. El aroma a café era intenso, pero no lograba ocultar la tensión en el ambiente. Detrás de la barra, una mujer de unos cuarenta años nos analizó con la precisión de un escáner. Rubia, elegante, con una mirada que gritaba autoridad. Su collar de oro y diamantes brillaba bajo las luces amarillentas. «Analízala, Ángel», siseó la voz en mi cabeza. «Rubia, 1.70, ojos marrones. No es una simple mesera. Su postura es de combate y poder.» -Buenos días, señorita -dije, controlando mi lenguaje corporal. -Vaya, la primera que no me llama "señora" -respondió ella con una sonrisa que no llegaba a sus ojos-. Soy Gina De Ricci. -Ángel -me limité a decir-. Dos sándwiches y jugos, para llevar por favor. Mientras Kelly iba al baño a cambiarse, Gina me estudió. Intentó leerme, buscar una grieta en mi máscara, pero mi madre biológica me había enseñado bien: para el mundo, yo era un muro de piedra. Kelly regresó con una gorra de "NY" y su bolso plateado. Al notar que Gina no apartaba la vista de ella, el pánico cruzó el rostro de mi hermana. Con un movimiento fluido, saqué una pequeña cápsula de mi reloj y, simulando un abrazo, le apliqué una dosis mínima de calmante en el cuello. Sus hombros se relajaron al instante. La dejé sentada en una mesa con las cosas. Yo aproveché para cambiarme en el baño. Me deshice de la ropa de viaje y me puse mis jeans negros rotos, un top básico y una camisa de leñador atada a la cintura. Recogí mi cabello en una coleta alta y me miré al espejo. El reflejo me devolvió la mirada de alguien que ha visto demasiado para tener solo diecinueve años. -Vamonos Kells-le dije llegando a ella y tomando las cosas -Tengan cuidado -soltó Gina cuando nos disponíamos a salir. Su tono cambió a algo oscuro, casi una advertencia-. No salgan de noche. Cuando el sol se oculta, este pueblo muestra su verdadero ser. Le devolví una sonrisa cargada de la misma malicia que ella trataba de proyectar. Porque yo era esa malicia Nuestra casa estaba en el límite del bosque, frente a un lago de aguas tan oscuras que parecían tinta. No era una mansión, era una fortaleza de tres pisos, uno de ellos oculto bajo tierra. -Dormiremos en el subsuelo, Key -le dije mientras bajábamos las escaleras de madera. Ella me miró confundida, pero no protestó. si nunca muestras tus cartas, nadie puede ganarte la mano. Le mostré su habitación, decorada en verde menta y gris, un oasis de calma en medio de nuestra guerra constante. Luego pasamos por la sala de equipos, oculta tras una pared de libros, y mi estudio de DJ, donde procesaba algo más que música. Mi habitación era distinta. Una cama Queen Size, un techo de espejos y una pared de cristal reforzado que daba directamente al fondo del lago. Ver a los peces nadar en la oscuridad absoluta me relajaba; me recordaba que se puede sobrevivir sin luz. Subimos al tercer piso: gimnasio privado, sala de juegos y una habitación blanca con puntos rosas que prometí llenar de dulces. Pero frente a ella, estaba la Puerta Negra. -Esa no se abre, Kelly -mi voz fue fría como el acero-. Esa puerta es mi santuario, Nunca se abre. Es como la Habitación Cero de la última casa. ¿Entendido? Ella asintió, pálida. Sabía que esa habitación era donde a veces me encerraba y ella tenía prohibido si quiera abrir la puerta. Subimos finalmente a la azotea, cubierta de grama artificial y cubículos de cristal reforzado. -Aquí vivirán Lobo y Koroleva -dije, pensando en mis dos lobos puros que llegarían mañana._Y en los cubículos contiguos, Carissa y Venus—mis serpientes. -Ángel, tengo hambre de verdad -se quejó Kelly después de horas de desempacar. Eran casi las tres de la tarde. El sol empezaba a bajar y las advertencias de Gina resonaban en mi cabeza. Miré hacia el bosque denso que rodeaba la propiedad. Algo en la forma en que los árboles se mecían me decía que este pueblo no era un refugio, sino un tablero de juego. -Vamos a la feria de comida del centro -dije, Viendo mi reloj-. Pero mantente cerca de mí. Siento que en este pueblo, las paredes tienen oídos y el bosque tiene ojos.
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