—Si me pasan una infracción por pensar que soy un Uber ustedes pagarán el precio —nos dijo Nacho mirándonos por el espejo retrovisor mientras los brazos de Chace me apretaban un poco más fuerte. —Deja de reclamar de una vez —le respondí divertida. Habían tenido una pequeña y divertida discusión para acordar de que los dos nos fuéramos en los asientos de atrás. —Saben que aquí no es legal, así que vayan juntando el dinero —nos reprochó. —Hace una semana que no nos vemos, ten compasión —dije yo escondiendo mi rostro en el cuello de Chace y aspirando su aroma que tanto extrañé. —Fueron solo unos días, no sean dramáticos, a demás tendrán todo el fin de semana para manosearse —volvió a hablar el ruliento y sentí como el pecho de Chace se movía con una risa silencios

