—Vladimir —Lisa susurró al escuchar las palabras de su pareja. No había calidez en su tono y la expresión fiera en su rostro casi le hizo retroceder. Pero sabía que si ella lograba apartarse era muy probable que ellos terminarán enfrentándose. —No te recuerdo. Es posible que te estés equivocando Vladimir yo… —Nunca podría equivocarme, sabes que todo antiguo que muerde y convierte a un humano en esto —se señaló, —termina por crear también un lazo, el nuestro es casi inexistente, porque me dejaste tirado dentro de un granero. No te preocupaste por saber si viviría o moriría o que sucedería si lograba la transición —Vladimir habló con falsa calma. Elisabeth podía sentir las emociones emanar de ambos hombres. La ira de Vladimir le asustaba y la vergüenza y culpa de su padre le abruma d

