—Puedes tener el desayuno que desees Elisabeth, solo pide y se te concederá —Lisa sonrió, sabía que no estaba engañándolo, los vellos de su nuca se crisparon, como si fuese un animal a punto de atacar. —Gracias, en verdad me siento famélica, tanto que podría comerlos a todos —bromeó, ni siquiera supo de donde había venido ese humor n***o y justo en ese preciso momento. La risa del vampiro mayor se escuchó en la sala, caminó hasta la joven y sin previo aviso atacó. Elisabeth esquivó el golpe, moviéndose mucho más rápido que antes, sus dientes y colmillos se extendieron retando al vampiro mayor, de su garganta el gruñido escapó sin poder evitarlo y un aullido se escuchó. —¡Maldita sea! —Nicolay estaba asombrado, mientras Stanislau sonreía con los dientes expuestos sin llegar

