BLAKE Suspirando, utilicé la toalla blanca que tenía en la mano para frotarme el cuerpo. No oí que se abriera la puerta del baño ni la de la ducha. No fue hasta que sentí los suaves dedos de Nisha en mi cadera y sus alegres pez0nes rozando mi espalda cuando me di cuenta de que se había colado. Miré por encima del hombro para ver su cuerpo desnudo, y mi p0lla se puso dura como una roca al verla. —¿Qué estás haciendo?—, la regañé. —¿Estás intentando meternos en problemas? —Hueles bien—, murmuró ella, apoyando la mejilla en mi espalda y suspirando de satisfacción. —Nisha, ¿me has oído? —Sí. Sandro se ha ido. —¿Dónde está? Ella se encogió de hombros. —No lo sé. No me importa. Solo quiero que me f0lles. —¿Qué...?—. Me di la vuelta y le agarré la cara. —¿Por qué actúas así? ¿Estás dr0

